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miércoles, 13 de agosto de 2014

OPINION: A un mes de tu partida, mamá.

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POR MIGUEL ANGEL FIGUEREO
Para ECOS DEL SUR 


    Mamá, hoy hace un mes, que cerraste  los ojos, que dejé de escuchar tu voz ofreciéndome tus bendiciones y pedirme  que no me vaya, porque los caminos están muy peligrosos. Hoy hace un mes que he dejado de verte sentada en la galería de la casa que fue tuya durante toda la vida, hoy hace un mes que las paredes reclaman por ti, porque ellas también han sentido tu ausencia. 

Hoy hace un mes que todos los amigos y amigas de la familia recuerdan tu trato amable, de servicios y tu desprendimiento por las cosas materiales, por esos  muchos años fuiste la guía y consejera de la familia, madre de muchos que hoy lamentan tu partida.   Hoy hace un mes  quiero hacer  público el amor y el agradecimiento, por todo lo que nos diste, a Miguelina, Armando y a mí.

Hoy te digo gracias mamá, porque nos enseñaste ser hombres y mujer, nos enseñaste también a arriesgar lo poco que se tiene en pos de conseguir algo mejor, nos enseñaste con tu ejemplo de no pecar de soberbios si triunfamos, nos enseñaste a educar nuestras capacidades de afrontar frustraciones y derrotas sin quejas ni ira al ser vencidos.

Nos enseñaste que ser humildes es ir a darle la cara a una persona que acaba de humillarnos y no de volverle el insulto, sino perdonarla y dejarle las puertas abiertas.

Mamá, nos enseñaste que en esta vida triunfa el que trasciende, fracase o no. Aquel que lograr avanzar poco a poco, pero sin aportar nada a los demás es un derrotado.

Nos corregiste inteligentemente en nuestros momentos de desorientación, no obstante de ser iletrada. Nos serviste cuando los que debimos servirte fuimos nosotros. Siempre estuviste presente, dispuesta a sacrificarte en cada minuto, en cada hora, cada día, cada semana y cada mes que necesitamos de ti, todo sin pedir nada a cambio ni poner condición, sólo por el amor y el cariño que juraste  y probaste tenernos. En cada momento de tristeza estuviste a nuestros lados para consolarnos y aconsejarnos.

Por nosotros  trabajaste duro, con la única intención de contribuir en el sostenimiento del hogar, para evitar las carencias y las dificultades, propias de los tiempos pasados y de la zona rural, por ese inmenso amor que sentiste por nosotros, por eso nunca escuche de tu boca decir-estoy cansada.- al terminar una tarea iniciaba la otra y todo para ayudarnos a avanzar en la vida.

Nos enseñaste a tener sangre fría en los momentos de crisis y cautela y honor en los momentos grandes. Respetaste nuestras individualidades y, más aun, nos enseñaste a no cometer tus errores invitándonos a seguir tus caminos de aciertos. Siempre pediste que fuéramos fieles, honrados, justos, desprendidos, responsables y amistosos, asegurando que estas son cualidades que deben adornar a toda persona  de bien y cristiana.

Mamá tu sufrimiento   fue nuestro  sufrimiento, hoy en medio del dolor que sentimos por no estar con nosotros y convencidos que fuiste manda a llamar por el Dios padre,  le pedimos el perdón de tus pecados, su aceptación en su santo reino y que un día podamos celebrar la vida eterna, por siempre mamá.