Los hombres siguen matando a sus parejas o exparejas y cada vez son más brutales y
horrorosas las formas en que perpetran estos crímenes.Por celos o por cualquier motivo baladí, superables en todos los casos si mediara simplemente un diálogo, a cualquier mujer le dan un batazo que le destroza la cabeza, la apuñalan incesantemente, la acribillan a tiros o la ahorcan.
Todos los días, literalmente, asistimos a la escena macabra de ver morir a una mujer porque no le puso a tiempo la comida al marido, porque hablaba por teléfono o “chateaba” en el celular, porque le supusieron amantes o infidelidades o porque, ya hastiada de agresiones físicas o verbales, no quería continuar en una relación.
Queda claro, entonces, que este es el menú de causas más probables de culminar en un feminicidio y he aquí un buen punto de partida para que los expertos diseñen métodos y políticas destinadas a reducir esta matanza.
Urge emprender esta cruzada, comenzando por levantar un mapa de los lugares donde más casos se registran, con sus correspondientes notas de las formas más usuales de matar, los perfiles psicológicos del feminicida y las características socioeconómicas y ambientales que predominan en sus entornos.
Eso, apenas, para empezar. Porque también es preciso que se organicen grupos para dar charlas, desplegar letreros con mensajes que puedan influir en la conducta de todos los hombres, educar en el respeto y la consideración a las mujeres desde las mismas escuelas, proscribir las incitaciones al atropello y la desvalorizacion que contienen las letras y los vídeos de algunos géneros musicales, entre otras.
Estos mensajes, bien estructurados, podrían incluirse en los tiempos de espera de las llamadas telefónicas en empresas y otros establecimientos, para que se hagan más sistemáticos y perceptibles en toda la sociedad.
Y, por igual, que se publiquen las consecuencias que estos crímenes tienen para los agresores, como una especie de disuasión.
Cuando todos los hombres, cuerdos o no o con el machismo por las nubes, sepan que les esperan veinte o treinta años metidos en la cárcel y que “morirán en vida”, abandonados incluso por sus hijos o familiares y amigos, con toda seguridad que haremos bajar los picos de esta espiral criminal que ya ha dejado en la orfandad a casi 10 mil niños dominicanos.
El reto esta planteado.
¡Hagamos esa cruzada ya!