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sábado, 25 de octubre de 2014

EL JILGUERO: La guerra tiene sus leyes (II)

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POR SANTOS SALVADOR CUEVAS 
Para Ecos del Sur

Para el alcance de los objetivos supremos o estratégico en cada guerra, es deber de los contendientes poner en juego cada una de las fichas disponibles y acudir al uso del mayor de los sacrificios, si fuere necesario, sin importar el costo en bienes materiales o en vidas; la historia de la humanidad es rica y abundante en sucesos donde se puso de manifiesto el sacrificio y la entrega tras alcanzar ese ideal.

Lo mismo se dio en Cuba durante aquellas hazañas puestas en práctica por el General en Jefe Máximo Gómez, en donde puso en práctica de manera constante uso de la tea y el machete como recurso para doblegar y vencer a los invasores españoles, tanto en la Guerra de los Diez (1868-1878) así como en la guerra final que concluyo con la Independencia de Cuba y la expulsión de los españoles del suelo patrio en 1998. Fueron hechos frecuentes  a los que acudieron con dolor y rabia tal vez, tanto los generales Máximo Gómez, Antonio Maceo, etc., pero convencidos de que era el costo a pagar para alcanzar la victoria final.

Lo mismo fue permanente en República Dominicana durante la Guerra de la Restauración, siendo los más notables de estos sacrificios los incendios de Santiago, ocurrido el 6 de Septiembre de 1863, y de Moca, ocurrido antes, el 31 de agosto de 1863, acción llevada a cabo por la Revolución ante el control y la amenaza de los españoles. Tomado Santiago por los colonialistas y posicionados bajo el control de la Fortaleza San Luis, los restauradores no vacilaron en acudir al sacrificio y proceder a convertir en llamas a la gran ciudad:

El general Gregorio Luperon, escribió: “Ambos contendientes hicieron esfuerzos de valor y dieron ejemplo de heroísmo en aquél día memorable, que no podrán borrar jamás de la historia de la guerra, ni de la memoria de aquellos que tuvieron la inmensa gloria de presenciarlos.
“Las descargas de fusilería y de cañones, se hacían a quema ropa, y los sitiados rechazaban a los asaltantes con las puntas de sus bayonetas y con chorros de metrallas”.

En medio de ese combate por hacerse del control de la fortaleza, se recibió la noticia de un refuerzo a favor de los sitiados españoles superior a los 3000 hombres, analizada la situación y la amenaza que se acercaba, narra la historio lo que aquel momento supremo dijo el General de la Restauración Gaspar Polanco, se cuenta que: “Encabritando sobre su caballo, blandiendo su sable, echando chispas por los ojos y candela por la boca, Gaspar Polanco gritó: “Le tengo a Suero el as de triunfo”, y ordenó incendiar la ciudad.

Santiago ardía en llamas y cuando el General Juan Suero y el Coronel Manuel Cappa divisaron a lo lejos la ciudad, encontraron un pueblo echo cenizas. Esos son leyes de la guerra, que implican dolor y mucho sacrificio.

Situación parecida sucedió con la ciudad de Moca, a la que se le convirtió en llamas el 31 de agosto de 1863; de maneras tal que el sacrificio del pueblo mocano no sólo sucedió cuando se da la retirada de los haitianos en 1805 al recibir la noticia de que una flota monárquica merodeaba por el Caribe, decidiendo éstos, con Dessaline a la cabeza, proceder a aplicar la ley de la guerra, poniendo a arder la ciudad y pasar por las armas a los desafectos a la Revolución, por supuesto, motivados por el odio anti haitiano esos datos han sido alterados.

Una cosa es la defensa a la soberanía nacional, y otra muy distinta es el odio xenófobo, racista y recalcitrante.

La anterior reflexión, que hemos dividido en dos partes, va con la intención de ilustrar un poco sobre estos sucesos que se han dado a lo largo de la historia en toda guerra, por tanto de ser así hay que llegar a la conclusión de que, lo que acaba de acontecer en la UASD, en donde un grupo haciendo el uso de fuerza boicotearon un  Acto en homenaje al libertador haitiano Jean Dessaline, acción esta estúpida, anti histórica, contraria a la libertad y de negación a quienes se la jugaron en la historia para romper con las cadenas de la esclavitud que pesaban sobre toda la isla, y es mucho más penoso el caso, si para 1805 cuando se dan los sucesos en Moca, la República Dominicana le faltaban 40 años para entonces nacer, el 27 de Febrero de 1844.