POR JOSÉ PRADO JIMÉNEZ.
Desde Carolina del Norte.
Consabido es, que la tanda extendida favorece un mejor desarrollo curricular, y da la oportunidad para implementación de actividades, que podemos programar, para enriquecer el plan de estudio; cosa esta, que el tiempo niega a la doble tanda.
La ocasión de los alimentos brindados, es propicia, no sólo para alimentar el cuerpo, sino también, el intelecto y el espíritu. De ahí, que, la escuela debe aprovechar el comedor, para que el proceso enseñanza/aprendizaje, incluya:
a) El comportamiento a ser observado en el comedor.
b) Conceptualización sobre los nutrientes contenidos en los alimentos que se consumen, y sobre el balance de estos en la dieta.
c) Es ocasión, también, para socializar entre compañeros. Esto debe ser orientado por el maestro en el aula, y un maestro que siempre debe estar en turno, en el comedor. Todo el personal del área debe ser entrenado para supervisar esta área.
d) Formar hábito de dar gracias a Dios, y a las personas que han sido instrumentos propiciadores de esos alimentos.
La escuela podría agenciarse la colaboración gratuita de madres de los educandos, que puedan servir en el comedor, en asignación de dos por turnos semanalmente. Esto, y aún más, es posible alcanzarlo, si se trabaja por la integración de la comunidad a la escuela, haciéndoles conciencia del valor que tiene su apoyo, en el proceso.
Reflexionando sobre la escuela vieja, ¿por qué no aprovechar sus terrenos para producir parte de las hortalizas que han de consumirse? Esto no sólo deja como resultado el producto que resulta del cultivo, sino que es una hermosa oportunidad, para desarrollar en los estudiantes: el hábito de trabajo, el concepto de que es un medio honesto de producir riquezas; la capacidad del trabajo en equipo, entre otros.
Por ejemplo: En la escuela de El Peñón, entrando en la segunda mitad de la década de los años 50s, y siguientes, del siglo pasado, bajo la dirección de los maestros Manuel de Jesús Rodríguez y Rafael Feliz, los alumnos de entonces desarrollamos cultivos de hortalizas, de manera orgánica; conocimos el valor nutritivo de las mismas, y aprendimos a verlas, no como un adorno de los platos de ocasiones especiales, sino como un elemento necesario en la dieta. Esa misma tierra está ahí, y puede proveer alimentos frescos y sanos; libre de la contaminación a que están expuestos, los que son adquiridos en los lugares de expendio.
El Estado dominicano cuenta con un apreciable número de Agrónomos empleados. Los ministerios de Educación y el de Agricultura, bien podrían interactuar por medio de sus respectivas regionales, usando el servicio de dichos profesionales para ofrecer orientación a las escuelas, donde haya terreno, para una efectiva labor de desarrollo de huertos escolares.
En la actualidad, hay más recursos que en aquellos días. Sólo es necesario la voluntad por el bien hacer. Valorar los objetivos y accionar. Esto es responsabilidad de los funcionarios incumbentes, no del Presidente de la República. La iniciativa correspondería al Ministerio de Educación.
