POR JOSÉ PRADO JIMÉNEZ,
desde Carolina del Norte
desde Carolina del Norte
¿Cuán importante es para las autoridades dominicanas la calidad de la educación?
Las empresas que han alcanzado gran desarrollo y permanecido por largos años en el mercado, deben tal logro, a que han podido ofrecer un producto bien acabado. Estamos en tiempos en que la calidad es una condición que aumenta la competitividad en el mercado. Más demandable aun, en una sociedad que cada día crece con gustos diversificados y más refinados.
Los empresarios han entendido, que productividad y calidad son el soporte para mantenerse en el mercado. Y que esta posición, sólo es posible, cuando se cuenta con recursos humanos bien calificados, dirigidos por una mayordomía bien establecida, apoyada en funciones técnicas del proceso, como son, entre otras: Planificación, organización, dirección, coordinación, ejecución, control o supervisión; muy bien conocidas en nuestro medio.
La educación, es también una empresa que demanda de todos estos elementos en el proceso, para contar al final de cada año lectivo con un porcentaje apreciable de promovidos, con la calidad óptima a que debemos aspirar, en la formación del educando.
A juzgar por la calificación dada por organismos internacionales a la educación en la República Dominicana, que la ubica en los niveles más bajos de la escala entre los países considerados en sus evaluaciones, nos dice, que ha habido deficiencia en la estructura del sistema educativo, que se ha venido arrastrando por largos años.
Cuando hablo de estructura, no me refiero a como están dispuestos los departamentos o áreas; como están definidas las funciones, en un voluminoso manual de procedimiento, con expresiones hermoseadas con un lenguaje de última tecnología; y con un bien diseñado organigrama. Me refiero a la funcionalidad de ésta, entendiendo que quienes dan vida a cualquier sistema, son las personas escogidas para las funciones. Y es ahí donde ha radicado el problema. Desde hace muchos años, la acción es invertida: la posición es buscada para la persona, de la cual se requiere como credencial más importante, su membresía partidista.
Pero ha llegado la hora para liberal a la educación dominicana de la nociva politiquería.
Resulta muy esperanzador el empeño del Ciudadano Presidente de la República, señor Danilo Medina, por la educación del país. El aumento del 4% en el Presupuesto; el plan de construcciones de aulas adecuadas; el plan de la tanda extendida; los cursos de capacitación docente; y las asignaciones de un monto determinado a la escuelas, son pasos de avance muy significativos.
Resulta muy esperanzador el empeño del Ciudadano Presidente de la República, señor Danilo Medina, por la educación del país. El aumento del 4% en el Presupuesto; el plan de construcciones de aulas adecuadas; el plan de la tanda extendida; los cursos de capacitación docente; y las asignaciones de un monto determinado a la escuelas, son pasos de avance muy significativos.
Pero la labor educativa amerita el respaldo de una supervisión eficiente, tanto en lo administrativo como en lo docente, donde el espíritu político partidista (muy viciado en nuestro país), sea reducido a su mínima expresión. Ojalá, que el slogan: “Servir al partido para servir al país”, se hubiese hecho una realidad.
La supervisión es indispensable para garantizar el cumplimiento de los planes y propósitos de la educación. Aun en los casos en que se cuenta con maestros a los que se les considera muy buenos, en las aulas. Y sabemos que en un apreciable porcentaje de las escuelas públicas, tal condición está ausente. No obstante, creo que hay un potencial que, bajo una supervisión consciente, bien dirigida, la calidad de por lo menos aceptable, podría alcanzarse en un par de años.
Esta supervisión debe estar inspirada en ayudar a que los objetivos planteados sean logrados. Por tanto, el supervisor debe ser la persona capacitada para evaluar y orientar con miras a eficientizar la labor del personal supervisado. En tal virtud, el supervisor debe ser una persona de actitudes profesionales, con un criterio bien definido de su labor, de modo que los objetivos no sean eclipsados por prejuicios de ninguna índole. La calidad total, depende de los elementos que entran en función.
En lo relativo al docente, La supervisión debe estar dirigida a conocer su desempeño, con miras a ayudarlo a hacer ajustes donde la necesidad aconseje; y estimularlo a incrementar su eficiencia, lo que se traduciría en una mejor calidad de la enseñanza/aprendizaje.
La supervisión que mejor garantiza resultados de calidad, es aquella en la cual, el supervisor está inmerso en el proceso. De ahí que, el equipo de dirección de la escuela: director, coordinador, consejero, etc., debe estar compuesto por verdaderos técnicos de la educación, conscientes e identificados con los planes y propósitos del sistema.
Provechoso sería, que los distritos y las regionales, en sus respectivas áreas, diseñaran un programa de actualización continua. Asimismo, programar actividades donde los equipos de las escuelas bajo su dependencia puedan presentar sus ideas y posibles quejas, en un ambiente de abierta democracia. De igual manera, el equipo de dirección de la escuela debe tener su propio programa de supervisión, que incluya actividades donde sean reunidos los maestros por grado de enseñanza, o por la especialidad de las materias que imparten, para compartir sus experiencias.
Creo, que estas cosas han sido estudiadas en las universidades por los que están en la posición de supervisor. Y es probable que se encuentren bosquejadas en una guía. Falta un cambio de actitud. Es necesario un compromiso. La disposición de la voluntad, que se manifieste un espíritu de trabajo que se corresponda con el mérito de la posición donde se le ha puesto, y de paso, al pago recibido, sabiendo que cada centavo pagado sale de los lomos de la sociedad, a la cual están llamados a ofrecer sus mejores servicios.
