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martes, 11 de noviembre de 2014

EL JILGUERO: Los tratados y acuerdos se respetan

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POR SANTOS SALVADOR CUEVAS
 Para Ecos del Sur

A simple vista, si tomamos como referente la decisión del Estado de hacer retirada de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos (C.I.D.H), la República Dominicana no cumple con los convenios y acuerdos internacionales a que se compromete, toda vez que se entiende  tal decisión como una retaliación por la condena previa y reciente que hiciera al país dicha Corte.

De lo que se trata no es tan simple, dado que, lo esencial del caso es el interés nacional, se trata de un asunto de soberanía y de competencia absoluta y única de los dominicanos.

Se podrá argumentar cuanto se quiera, algunos por una concepción real de apego a los derechos humanos, los otros por solidaridad con un pueblo pobre y vecino, los otros porque sobreponen su apoyo a los haitianos por encima del amor y defensa a la Patria que le vio nacer, y los otros se quejan porque la controversia se da en el marco de una coyuntura política y, en vez de asumir posiciones juiciosas y patrióticas, es más rentable asumir una voz divergente, que le coloque sobre el tapete.

Lo que no pueden exhibir  ni los unos ni los otros, es la parte del reglamento de la CIDH pactado por el Estado dominicano en donde se diga o se haya asumido que la CIDH tiene facultad alguna, ni para decir a quien se da la nacionalidad, ni mucho menos en dónde se le facultad a la CIDH para hasta ordenar el tipo de Constitución que debemos darnos, eso, además de una locura o frescura… es inaceptable.

Este es un país soberano, “libre e independiente”, y corresponde únicamente al pueblo dominicano decidir y definir sobre asuntos de nacionalidad y de las leyes que nos damos, aquí no es Puerto Rico, ni Washington, ni Carolina, etc. Aquí es República Dominicana.

Asumimos con alegría la decisión del Tribunal Constitucional, que establece la separación del país de ese aparato político llamado la CIDH, pero nuestro apoyo a tal decisión no viene dado por los resultados finales en donde se condena al país en dicho organismo, ni mucho menos.

 Hace varios meces expresé el apoyo a esa misma decisión –de separarse de la CIDH- que asumieran  las naciones hermanas de Ecuador, Bolivia y Venezuela, quienes tomaron la honrosa decisión de separarse de ese mamotreto político llamado CIDH, porque esa es una pantalla, un instrumento de los gringos para chantajear, amenazar y cuestionar asuntos que son de facultad soberana de los pueblos.

Más antes debieron mandarlos al carajo.