POR JOSÉ PRADO JIMÉNEZ
Desde Carolina del Norte, para Ecos del Sur.
Desde Carolina del Norte, para Ecos del Sur.
El 6 de noviembre de 1844, fue firmada la primera Constitución de la República Dominicana, en la ciudad de San Cristóbal. Hoy, se cumplen 170 años de tan significativo evento.
Cuando el 14 de julio de ese mismo año, la Junta Central Gubernativa que gobernaba el país, mediante decreto dispuso la convocatoria para la escogencia de quienes habrían de redactar nuestra Carta Magna, pensaron en un elemento jurídico, regulador de las relaciones entre el Estado y sus ciudadanos. En ella estarían plasmados los deberes y derechos ciudadanos, de los cuales, el propio Estado sería el garante de su cumplimiento y respeto.
Entiendo, que los fundamentos de la Constitución para regir el píis, deben ser los mismos; de modo que, cualquier modificación que se haga de la misma, debe responder a propósitos nacionales, no de partido o grupejos de intenciones bastardas.
En una ocasión, el ciudadano Presidente de la República, Danilo Medina, había dicho, que terninados los cuatro años de su gobierno, se iría a su casa. Implícitamente, el honorable ciudadano, estaba rechazando la reelección.
Romper con sus convicciones íntimas para asumir compromisos complacientes de amigos o de grupo partidista, es claudicar a los principios de moral y sensatéz exhibidos desde antes de ser presidente, y de paso, dejaría en quienes hemos creído que aún queda un remanente en quienes es possible creer, la decepción de que no hay en República Dominicana, hombres en cuyas palabras se pueda confiar.
Las reiteradas modificaciones de la Constitución de la República, sin motivaciones de interés nacional, terminaría por confirmar aquella espresión carente de escrúpulo político, pronunciada por el Dr. Joaquín Balaguer, quien dijo:”La Constitución es un pedazo de papel”.
El ciudadano Danilo Medina, no debe dejarse encantar por la popularidad que le es reconocida, y tomar muy en cuenta que, en su decisión, va implícita su textura moral, la que muchos apreciamos por encima de otros gobernantes que le precedieron. Pues, es bien sabido, que si muchas cosas no han sido corregidas, obedece, a que lo encontrado por Estado, ha sido una selva, donde los pasos hay quedarlos cautelosamente, para no ser víctima de un zarpazo o por la picadura venenosa de una víbora.
El mejor legado que el señor Danilo Medina dejaría a la nación, a su familia y a quienes lo hemos considerado una de las reservas morales de nuestra sociedad, es no prestarse al jueguito de los buitres, que ansían que él vuelva a echarse sobre sus hombros la dirección del Estado, como cual carroña a la que pretenden seguir destrozando.
