POR JOSE PRADDO JIMENEZ
Desde Carolina del Norte
Desde Carolina del Norte
Para Ecos del Sur
El controvertido proyecto de ley sobre el aborto, observado por el Poder Ejecutivo, ha suscitado ataques dirigidos a las iglesias sustentadoras de posiciones que adversan la despenalización de dicha práctica.
El controvertido proyecto de ley sobre el aborto, observado por el Poder Ejecutivo, ha suscitado ataques dirigidos a las iglesias sustentadoras de posiciones que adversan la despenalización de dicha práctica.
Entre los abanderados del aborto, encontramos quienes han llegado a hacer imputaciones groseras. Hubo quien hiciera un llamado a la Iglesia, a respetar la vida de las mujeres”, como si la práctica sin restricciones del aborto fuera una garantía para la vida de las embarazadas que se someten al mismo.
En el día de ayer, 15 de diciembre, 2014, aparece un artículo titulado:”Santidad constitucional, y resurrección regulada” de la autoría del señor Juan Tomás Olivero, publicado en este prestigioso periódico, declaraciones que presentan a la iglesia Católica y a la Protestante, como conculcadoras de la libertad y el bien humanos. El autor, incluso, deja ver, una recelosa actitud por la coincidente posición de ambas iglesias cristianas, en relación al tema del aborto.
Debo señalar, que dicho artículo es una pieza elaborada con una apreciable calidad de estilo, muy bien sustanciado en su contexto; pero encuentro también, ligereza respecto de la concepción que tiene de la libertad y del bien, y de algunas consideraciones sobre la iglesia, vista globalmente.
La Iglesia no niega la libertad ni está contra el bien de la persona humana. Más bien, procura preservar la vida humana, mediante doctrinas y ciertos dogmas, en razón de la tendencia del ser humano a hacer uso de su libre albedrío de manera ligera y peligrosa; debido entre otras razones a: falta de una sólida educación, y el desconocimiento de una ética teológica, que los mantiene a obscura, con relación al valor de la vida, y lo que el Supremo Hacedor, dador de la vida, dispone sobre ella.
Es cierto que el libre albedrío es un don de Dios, dado al hombre, para que este decidiera con toda libertad su destino; pero no es menos cierto, que también dejó un código de ética donde está prescrito el correcto uso de esa capacidad.
La cita que hace el señor Olivero, de “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libre”(Juan 8:32), es una realidad. Pero, ¿Libre para qué?.
Debo señalar, que el criterio teológico sobre el bien y la libertad, difiere como abiertamente lo concibe la sociedad. El concepto que sobre la libertad y el bien, tienen un buen número de personas en la sociedad, es aquello que: les es agradable, le produce alegría, le complace; y de que puede hacer y deshacer de una manera libertina. La concepción teológica sobre dichos conceptos, pueden producir efectos similares, pero ambos (libertad y bien), son considerados genuinos, cuando sus prácticas se corresponden con las perspectivas divinas.
Las Sagradas Escrituras, de donde el señor Olivero toma el texto, tenemos que tratarla dentro de su contexto global. Los cristianos protestantes, hemos llegado a la conclusión de que, cuando se trata de dar una explicación de un texto aislándolo de su contexto, equivale a un pretexto; es lo que se ha hecho en dicho artículo.
La práctica del aborto necesita una regulación bien definida, en lo que respecta a cuándo esto es imprescindible para salvar la vida de la mujer. Pues, para nadie es un secreto que tal práctica viene haciéndose en República Dominicana, sin el menor escrúpulo, e irrespeto de la vida. La despenalización sin restricciones, vendría a exponer a muchas mujeres a todas las consecuencias negativas que tanto biológicas, psíquicas y espirituales, pueden derivarse de tal acción.
Por otro lado, traer al presente situaciones aberrantes como las que acontecieron como consecuencia de la dureza en las posiciones asumidas por la Iglesia, en la Época Medieval, esto es, casi 600 años antes, para justificar su posición y de paso, descalificar a la iglesia para una acción consecuente y responsable con los acontecimientos del hoy, es una sin razón, un absurdo. Pues, al hombre y sus instituciones, para ser justos, hay que medirlos en su desempeño en actos de la época en que los realiza.
Tiene razón, el señor Olivero, cuando señala el tipo de pastores que demanda una verdadera ” Evangelización, para un reino iluminado por la verdad y la justicia social”; pero tal compromiso compete a todos los miembros conscientes de nuestra sociedad.
Las opiniones en torno a un tema de vida o muerte, a quién privilegiar, si salvar a la criatura o a la madre en trance; es duro, doloroso, tiempo de confusión. Por ejemplo: Si pensamos que la madre muera, cuál sería la suerte del niño, y de los otros que posiblemente nacieron antes que él.
Que nos ayude Dios!
