Para Ecos del Sur
Tan minuto es lo que se hace por la Presa de Monte Grande,
que habrá de pasar el 2016 y con él la presente gestión gubernamental, y está
no dejará de ser una dulce promesa y la caricia de un sueño en una región que
aguarda por el arranque de su desarrollo.
Sin la presa de Monte Grande, se continúa tronchando el
futuro productivo de una región que se hunde en la más extrema de la pobreza
ante cientos de tareas de tierra que no se cultivan por la falta de agua.
Junto con las tierras baldías que esperan en el salado de
Neyba, se cuentan por millares las tareas en las 4 provincias que integran la
Región Enriquillo, que si hoy no están produciendo es por la ausencia del
preciado liquido; y no hablar de aquellas tierras en producción sembradas de productos
agropecuarios (plátanos, guineos, lechosas, melones, tomates, berenjenas, etc.
etc.), que mata la sequía porque no contamos con una presa que sirva de
embalse, conservación, administración y justa distribución de las aguas.
El hombre del campo quiere producir, la región demanda que se
asuma a Monte Grande con visión de futuro, de salud, de vida.
Más que contar con las aguas que darán vida productiva a la
región, Monte Grande también nos dará la hidroeléctrica que garantice la
electricidad tan necesaria para el desarrollo y que habrá de ser una zapata sin
la cual el desarrollo turístico también seguirá siendo una simple quimera.
Las fuerzas vivas de la región deben elevar la conciencia de
que sin Monte Grande el futuro y su desarrollo seguirá tronchado; hay que
gritar y demandar del Poder Ejecutivo que asuma más allá de las promesas la
construcción a ritma sin parar de esta herramienta, columna vertebral sin la
cual tocará a los habitantes de la región recordarle siempre a quienes nos gobiernan
aquella frase lapidaria del poeta español Antonio Machado donde grita que “…el
Sur también existe”.
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