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domingo, 22 de febrero de 2015

OPIN ION: Arco de Triunfo, calle Colón y Sagrario Díaz

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POR FIDIAS OMAR DIAZ
  
Los monumentos y/o zonas monumentales forman parte de la identidad de los grandes pueblos y/o ciudades del mundo, donde transmiten su historia, acontecimientos y personajes que los encarnan y/o que son símbolos, íconos. Son lugares simbólicos, de turismo histórico, cultural, que se conservan y protegen siempre, por su valor urbanístico, de memoria histórica y hasta de recaudación en algunos países.

En el país existen reconocidas 390 de estas zonas o ambientes urbanos monumentales y Santa Cruz de Barahona, nuestra ciudad natal, no es la excepción, porque ese preciso espacio lo constituye el Arco de Triunfo y su histórico entorno, inaugurado en 1938 en señal de triunfo y gratitud al dictador Trujillo, por la construcción de la carretera Enriquillo, enlace con Azua.

Al inicio era la parte más lejana de la ciudad (km 1), que de simple obra artística de gratitud, se ha convertido en simbólico monumento representativo de identidad, a la entrada de Barahona que, junto a su entorno, conforma la zona histórica de dicha ciudad sureña.

Dicho ambiente urbano monumental consta de Arco de Triunfo; Plazoleta Juan Pablo Duarte y dentro de la misma su busto y la imponente estatua de Casandra Damirón; el edificio del Obispado de Barahona; avenidas Gregorio Luperón y Casandra Damirón y, la calle Cristóbal Colón Fontanarrosa.

Dicha calle Colón, se inicia en la avenida Enriquillo en el Malecón y termina en el lado Sur del Arco, entre el edificio del Obispado y la imponente estatua de Casandra.

Con la conquista-colonización de la isla de Santo Domingo, los españoles, ávidos de riqueza, desesperaban cuando encontraron yacimientos auríferos en la margen occidental del Río Haina, en Madrigal, a unos 5 kilómetros de Villa Altagracia; allí Cristóbal Colón y sus hermanos Bartolomé y Diego construyeron en 1496 el Fuerte Buenaventura o San Cristóbal.

A través de la explotación aurífera, en base a la explotación y exterminio de nuestros aborígenes, el oro envileció a los hermanos Colón, entonces fueron regresados a España, siendo enviado, 1502, el Gobernador Nicolás de Ovando, en defensa del carácter de colonia productiva para España; éste produjo una masacre contra los aborígenes, esclaviza los sobrevivientes y, en 1503 ahorcó a Anacaona, la líder del Cacicazgo de Jaragua, al cual pertenecía Barahona.

Como no hay sentido de la historia, a lo mejor los explotadores, exterminadores de nuestros aborígenes y asaltantes ayer de nuestro oro, igual que hoy otros extranjeros en Cotuí, Provincia Sánchez Ramírez, son los que merecen sus nombres en las vías urbanas de Barahona y, no la mártir universitaria, Dominicana, Barahonera, SAGRARIO ERCIRA DIAZ.

PERO, tengo FE en el Alcalde y el Presidente de la Sala Capitular del Cabildo de Barahona y, esperaré hasta 27-Febrero, celebrando el 171 Aniversario de la Independencia Nacional.