POR BIENVENIDO MENDEZ GALARZA
Las personas no escatiman esfuerzos en su afán por ganar espacios políticos, sociales y económicos, aunque muchas veces caigan en lo ridículo o cometan hechos punibles que perjudiquen a la sociedad.
Lo grave es que en algunas ocasiones quieren crecer sobre el cadáver del otro apagando la luz ajena para que pueda alumbrar la de ellos, porque no tienen méritos propios o son insuficientes.
Desde hace siglos por la ambición de poder se han destrozado familias y protagonizados conflictos bélicos de grandes proporciones que no han servido de escarmiento a la humanidad.
Lo único que ahora se utiliza más la guerra mediática que la violencia para alcanzar poderes de cualquier tipo, es decir, desde la presidencia del país hasta regidor que es el cargo de representación popular de menos categoría.
El deseo de ser importante desborda el riesgo de lo permitido en algunos entes que se convierten en carros sin frenos en su ruta para lograr espacios sociales.
De la noche a la mañana quieren ascender a niveles reservados a quienes con sus luchas largas y sostenidas se han ganado un espacio, ignorando el proceso natural que hay que seguir.
La verdad es que las aspiraciones son legitimas en cualquier ser humano que entienda tiene las condiciones para dirigir y ser un adalid con la base teórica y complementaria que conformen un gran perfil, pero también es cierto que eso se logra luego de una trayectoria marcada por sacrificios y pruebas que no admiten dudas, para que el pueblo dominicano o un pueblito cualquiera lo coloque en el peldaño de líder.