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martes, 26 de mayo de 2015

EL JILGUERO: Nada se entendió

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POR SANTOS SALVADOR CUEVAS
Para Ecos del Sur

Durante 7 largos meses la República Dominicana recibió uno de los castigos más grandes en toda su historia, de sequía y ausencia de agua, la que llevaron a una muy baja producción de alimentos de consumo nacional, deterioro de la vida y la presencia de una amenaza permanente sobre toda la sociedad.
 
No hubo agua, ni para la siembra ni para el consumo humano. 

Grandes plantaciones de productos agropecuarios fueron calcinadas por la sequía, se dejaba escuchar el grito a diario entre los productores y sus familiares: “Agua” “No hay agua”; de casi todas las ciudades, de barrios y parajes, se observaban, sobre todo a las amas de casa, trasladarse a distancias kilométricas detrás de encontrar una gota del preciado líquido para tomar y cocer los alimentos.
 
El caso se hace más peligroso toda vez que, de la señal recibida en estos 7 meses, de hacia dónde va la vida y su misma existencia, nada se ha entendido.
 
Por esa ignorancia, la sociedad observa sin sonrojarse si quiera cómo se le mete fuego a nuestras montañas  y valles, se sustraen materiales del lecho de los ríos, se desperdician millares de litros de agua, tanto en hogares humildes como de los portentosos.
 
Asímismo, ante la indiferencia de los organismos competentes, la prensa recoge la fuga de millares de litros de agua que se pierden en una calle de Santo Domingo, con el lamento de que eso “lleva años así”.
 
Estamos perdidos, o condenados a ser víctimas de lo peor.
 
O, hacemos conciencia de la dimensión del caso en cuestión, o caminamos tras los pasos del áfrica ardiente, en donde, por la ausencia de agua para tomar, millares de personas mueren a diario, ante los ojos de un planeta y sus gobernantes que se hacen indolentes e indiferentes ante esta catástrofe continental.
 
Los 7 meses ya transcurridos, matizados por el fuego y la sequía nacional, constituyen un clarinazo para que hagamos conciencia de que debemos salir al paso al dispendio del preciado líquido, a la indiferencia nacional.
 
Se impone desde ya una campaña de educación popular sobre cómo reservar agua, cómo aportar a producir el líquido y cómo hacemos conciencia de que sin agua no hay vida.
 
El gobierno debe dar la primera señal, y que lo haga rápido.