Barahona.- El hombre es veterinario de profesión, rico de cuna, pero se define productor ganadero de vocación y ferretero por necesidad, lo más seguro, por ser el negocio tradicional de su familia, donde hay involucradas tres generaciones.
Alejandro Toral, su apellido delata la opulencia que podría tener en Barahona y la región, pero su humildad es tan grande, que es posible que no quepa en el establecimiento que administra, y que debido a la avanzada edad en que se encuentra su padre, hoy afirma sin mucho reparo, “yo soy ferretería Toral”.
Además de administrar la ferretería Toral, el negocio que por más de 50 años ha identificado a la familia, es la tercera generación, se dedica a la cría de cerdos, reces y gallina para engorde, pero no con el objetivo de obtener grandes beneficios económicos, porque su gran problema o meta es tener lo mejor en sus tres fincas.
El primer negocio de ferretería de la familia en Barahona, era propiedad de Benjamín Toral, su abuelo, en la década del 1920, y estaba ubicada en la calle Padre Billini esquina Jaime Mota, justo donde funciona el Banco Popular.
El padre de Alejandro tiene el mismo nombre de su abuelo, Benjamín Toral, quien a sus 81 años se mantiene trabajando en la ferretería, aunque un tanto diezmado, por la edad.
“Casa Toral, de los años 1920, era tienda ferretería y vendía de todo, pero era uno de los negocios con más empuje del país, e inclusive, el dueño de ferretería Villa, trabajó con mi abuelo. Es tanto que los artículos de la ferretería Villa es la misma clave que usamos nosotros en ferretería Toral”, expresa Alejandro Toral, quien es hermano de otro Benjamín Toral.
En la familia hay tres Benjamín, quienes marcan tres épocas distintas. Padre, hijo y abuelo.
Recuerda que en el 1990 termina la carretera como veterinario en Santo Domingo, pero su padre necesita ayuda en los negocios, por lo que decide regresar, no como profesional de médico de animales, sino como ferretero.
Dice que su inclinación por la ganadería y estudiar veterinaria, podría ser parte de la vena de su abuelo, un español que llegó al país en chancleta, pero que le gustaba la ganadería.
Su abuelo Benjamín era ganadero, agricultor y comerciante, mientras Alejandro, además de esos tres oficios, es veterinario de profesión, lo que significa que además de ver nacer a los animales, los cuida como un profesional de la medicina.
Benjamín Toral, su hermano, es agrónomo y se ha dedicado al cultivo de café, otro de los negocios ejecutado por mucho tiempo por la familia en la provincia de Barahona.
Afirma tener tres fincas, una en la comunidad denominada Los Huevos de la Gallina, ubicada entre Barahona y Pedernales, entrando por Juancho, Enriquillo.
“Soy veterinario de profesión, productor animal de placer y ferretero por necesidad”, asegura.
En esta finca tiene cerdo, vaca de carne y pollo de engorde.
Aseguro que la crianza de cerdo es el mejor negocio de los tres, porque deja un 50% de beneficios, contrario a la crianza de vaca y pollos.
Sostiene que el pollo es muchas veces afectado por la fluctuación de los precios, si sube puedes ganarte RD$200 mil en una producción, pero de la misma manera, los puede perder.
“Yo produzco una línea de calidad que me lo absorbe el mercado de Barahona y no he querido aumentar. Tengo alrededor de 60 madres y a cada una debemos sacarle dos partos y medio con diez cerdos nacidos vivos. No he querido aumentar, yo produzco calidad, el que ha probado un cerdo mío sabe que come calidad. Yo debo andar por los 800 cerdos al año, pero yo los vendo aquí, yo vendo entre 30 y 40 cerdos semanal, cuando tengo, ahora estoy engordando”, asegura con rostro de satisfacción por la calidad de su carne.
Para estar en la agropecuaria hay que tener dos condiciones; gustarle y ser guapo, y yo tengo esas dos cualidades.
“Yo tengo más de 300 cabezas de vaca de carne, yo los machos, los engordo, los termino, los llevo a una finca de Mencía, Enriquillo, los alimento, los llevo alrededor de 500 kilos y cuando están listos los mando al matadero y los vendo al canal, que quiere decir las dos bandas del animal y todo lo demás se lo dejo al matadero”, explica.
Asegura que cuando un propietario termina un animal, las dos bandas de carne dan mejores beneficios económicos que cuando se vende vivo en la finca.
“Es una satisfacción para mi sentarme en una sillita debajo de un árbol y verte todos esos animales pasar, esa es una de mis más grandes satisfacciones”, manifestó.
Alejandro Toral, su apellido delata la opulencia que podría tener en Barahona y la región, pero su humildad es tan grande, que es posible que no quepa en el establecimiento que administra, y que debido a la avanzada edad en que se encuentra su padre, hoy afirma sin mucho reparo, “yo soy ferretería Toral”.
Además de administrar la ferretería Toral, el negocio que por más de 50 años ha identificado a la familia, es la tercera generación, se dedica a la cría de cerdos, reces y gallina para engorde, pero no con el objetivo de obtener grandes beneficios económicos, porque su gran problema o meta es tener lo mejor en sus tres fincas.
El primer negocio de ferretería de la familia en Barahona, era propiedad de Benjamín Toral, su abuelo, en la década del 1920, y estaba ubicada en la calle Padre Billini esquina Jaime Mota, justo donde funciona el Banco Popular.
El padre de Alejandro tiene el mismo nombre de su abuelo, Benjamín Toral, quien a sus 81 años se mantiene trabajando en la ferretería, aunque un tanto diezmado, por la edad.
“Casa Toral, de los años 1920, era tienda ferretería y vendía de todo, pero era uno de los negocios con más empuje del país, e inclusive, el dueño de ferretería Villa, trabajó con mi abuelo. Es tanto que los artículos de la ferretería Villa es la misma clave que usamos nosotros en ferretería Toral”, expresa Alejandro Toral, quien es hermano de otro Benjamín Toral.
En la familia hay tres Benjamín, quienes marcan tres épocas distintas. Padre, hijo y abuelo.
Recuerda que en el 1990 termina la carretera como veterinario en Santo Domingo, pero su padre necesita ayuda en los negocios, por lo que decide regresar, no como profesional de médico de animales, sino como ferretero.
Dice que su inclinación por la ganadería y estudiar veterinaria, podría ser parte de la vena de su abuelo, un español que llegó al país en chancleta, pero que le gustaba la ganadería.
Su abuelo Benjamín era ganadero, agricultor y comerciante, mientras Alejandro, además de esos tres oficios, es veterinario de profesión, lo que significa que además de ver nacer a los animales, los cuida como un profesional de la medicina.
Benjamín Toral, su hermano, es agrónomo y se ha dedicado al cultivo de café, otro de los negocios ejecutado por mucho tiempo por la familia en la provincia de Barahona.
Afirma tener tres fincas, una en la comunidad denominada Los Huevos de la Gallina, ubicada entre Barahona y Pedernales, entrando por Juancho, Enriquillo.
“Soy veterinario de profesión, productor animal de placer y ferretero por necesidad”, asegura.
En esta finca tiene cerdo, vaca de carne y pollo de engorde.
Aseguro que la crianza de cerdo es el mejor negocio de los tres, porque deja un 50% de beneficios, contrario a la crianza de vaca y pollos.
Sostiene que el pollo es muchas veces afectado por la fluctuación de los precios, si sube puedes ganarte RD$200 mil en una producción, pero de la misma manera, los puede perder.
“Yo produzco una línea de calidad que me lo absorbe el mercado de Barahona y no he querido aumentar. Tengo alrededor de 60 madres y a cada una debemos sacarle dos partos y medio con diez cerdos nacidos vivos. No he querido aumentar, yo produzco calidad, el que ha probado un cerdo mío sabe que come calidad. Yo debo andar por los 800 cerdos al año, pero yo los vendo aquí, yo vendo entre 30 y 40 cerdos semanal, cuando tengo, ahora estoy engordando”, asegura con rostro de satisfacción por la calidad de su carne.
Para estar en la agropecuaria hay que tener dos condiciones; gustarle y ser guapo, y yo tengo esas dos cualidades.
“Yo tengo más de 300 cabezas de vaca de carne, yo los machos, los engordo, los termino, los llevo a una finca de Mencía, Enriquillo, los alimento, los llevo alrededor de 500 kilos y cuando están listos los mando al matadero y los vendo al canal, que quiere decir las dos bandas del animal y todo lo demás se lo dejo al matadero”, explica.
Asegura que cuando un propietario termina un animal, las dos bandas de carne dan mejores beneficios económicos que cuando se vende vivo en la finca.
“Es una satisfacción para mi sentarme en una sillita debajo de un árbol y verte todos esos animales pasar, esa es una de mis más grandes satisfacciones”, manifestó.
