POR SANTOS SALVADOR CUEVAS
Para Ecos del Sur
30 años de Trujillo y 12 de Joaquín Balaguer, constituyeron una realidad fatal que vimos reelegirse proceso tras proceso “electoral”, imponiendo a su paso una estela interminable de jóvenes asesinados, de libertades restringidas, de selectas familias millonarias a costa del erario pública.
La reelección nos dejó en esos 42 años de Trujillo y Balaguer, gobernantes que usaron la persecución, el crimen y terror sobre todo el cuerpo social, para imponer sus voluntades y apetencias. Para la ocasión, el derecho a discernir no existió, ningún medio radial ni escrito se atrevió jamás a poner los puntos sobre las íes, so pena de pagar con sangre el desafía.
Lo mismo en periodistas y dueños de medios, para uno y para el otro, la libertad de expresión estaba subordinada al mandato del gobernante; desafiar la señal que venía de arriba costó la vida a periodista como Goyito y Orlando, asesinados sin piedad por las fuerzas intolerante que mal gobernaron nuestra nación.
Hablar de reelección en los 12 años, fue sinónimo de ver continuar las cárceles llenas de presos políticos, persecución, apresamiento y muertes en universidades y escuelas; la reelección presidencial constituyó uno de los tragos más amargos que el pueblo tuvo que soportar y enfrentar con la más firme de la resistencia.
Desde entonces hasta acá, ya ha pasado mucha agua bajo el puente, la libertad de prensa se ha granjeado un espacio infinito sobre todo el “4to Poder”, a tal punto que hasta insulto reciben los gobernantes sin que sean reprimidos por ello, con la rara excepción de Hipólito Mejía que, en una de sus ocurrencias autorizó “sacar con grilletes” a un periodista en un programa radial.
Ya la reelección no viene amparada de cadenas de muertes, hace rato las fuerzas políticas de la nación se ponen de acuerdo para consensual una Junta Central Electoral que garantice la diafanidad en el proceso.
Ya la reelección no viene amparada de cadenas de muertes, hace rato las fuerzas políticas de la nación se ponen de acuerdo para consensual una Junta Central Electoral que garantice la diafanidad en el proceso.
Entonces, pretender satanizar la reelección que ahora decide el soberano en Asamblea Revisora, es como si tuviéramos retrotrayendo hasta nuestros días aquellos 42 años siniestros de cuando Trujillo y Balaguer lo decidían todo.
Estamos ante montaje barato y politiquero, que se hace más intrascendente si la fuente de donde proviene la campaña de descrito es precisamente de quienes en el 2002 se impusieron en el Congreso Nacional para garantizar la reelección al Ingeniero Hipólito Mejía.
En un campo y otro se impone la doble moral de quienes cantaletean, para los unos la reelección sólo es buena si se trata de beneficiarlos a ellos, y para los otros sólo es buena si se trata de promover otros modelos, como el cubano o el modelo venezolano, de los que, dicho sea de paso, nos sentimos identificados. Es decir, para que beneficie al sector de su simpatía la reelección es buena, pero si se trata del bando contrario, entonces, es fatal la reelección presidencial.
Lo prudente sería superar la mezquindad y ambiciones desmedidas que nos corroen el escenario y atreverse a hacer propuestas para que todos juntos, colocando los intereses de la nación como divisa y bandera, articular un Gobierno de Unidad Nacional, en donde participen todas las fuerzas políticas de la nación.
En ese Gobierno de Unidad Nacional, caben todas las fuerzas, de derecha y de izquierda, incluidos el PRD, PRM, PRSC, FNP, Frente Amplia, El MIU, alianza País, etc. etc.
Porqué no hacemos el intento y así ganamos todos.
