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domingo, 7 de junio de 2015

EXPRESIONES: Inolvidable

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Por Tomás Aquino Méndez

Vivir de los recuerdos no puede ser la meta del ser humano. Sin embargo, pueblo que no conoce su historia esta llamado a repetirla. Probablemente por no conocer que sucedió años antes de establecer un poblado en un determinado lugar es lo que ha generado tantas tragedias en el país.

Han sido muchos los dominicanos que han perdido la vida al ser arrastrados por las furiosas aguas de un río que existió en un determinado lugar y por el corte abusivo de arboles y la extracción de materiales desapareció, porque durante un periodo de lluvia retomó su cauce.

El pasado 24 de mayo, los residentes de Jimaní, capital de la provincia Independencia, se concentraron para recordar un triste acontecimiento. Esta es una comunidad muy pobre, ubicada en la línea fronteriza con Haití, en la parte suroeste del áís. Apacible, tranquila, trabajadora.

Esa comunidad no puede olvidar aquel 24 de mayo del 2004. Todavía en el país se estaba celebrando la victoria del entonces presidente electo Leonel Fernández, quien había derrotado en las urnas a Hipólito Mejía que pretendía seguir en el poder, tras haber impuesto una reforma Constitucional en un congreso que, según algunos, se arrodilló atento a los recursos del Estado.

Claro, eso es solo especulaciones que nadie ha podido demostrar. La referencia, sin embargo, la hago porque para esa fecha, el entonces presidente no estuvo presente en aquella tragedia, en aquel lugar donde decenas de dominicanos, y varios haitianos, perdieron la vida.

Aquella fecha trágica, cuando el río Soliette, que compartimos haitianos y dominicanos, desbordó sus aguas ese 24 de mayo del 2004. A su paso arrasó con toda una comunidad, decenas de muertos y desaparecidos. Lo primero fue de sorpresa porque ese río, por generaciones, no había recorrido ese trayecto.

Es un hecho inolvidable que no se debe repetir. Es compromiso de nuestras autoridades, nacionales, municipales y provinciales revisar los lugares donde han levantado nuevos asentamientos humanos para, a tiempo y con calma, reubicarlos y evitar otra tragedia como la provocada por las aguas del río Soliette.