POR SANTOS SALVADOR CUEVAS
Para Ecos del Sur
De nuevo, ahora ante los delegados de la Organización de Estados Americanos (OEA), el presidente de Haití fue preciso y reiterativo, refiriéndose al proceso de Regulación llevado a cabo en República Dominicana, les dijo: “Contribuyan a una solución pacífica del problema”.
Lo mismo había expresado a la luz de reunirse los delgados ante los Estados del Caribe: “Apostamos a una salida pacífica…”, había puntualizado el presidente Michel Martelly.
No hay que ser muy letrado para entender que, en su mensaje velado y reiterativo, el mandatario haitiano está dejando establecida la posición de que “si no hay salida pacífica” ante una nación vecina que pretende aplicar sus leyes migratorias, entonces, habrá guerra y “violencia regional”.
Ese lenguaje no responde al que debe exhibir un mandatario responsable, pues se trata de un verbo amenazante, alejado y contrario a la inteligencia diplomática, pues, ni a su nación ni a su pueblo se está arrebatando nada que no sea pedir a su Gobierno que asuma el plan de ruta mutuamente establecido para que de manera ordenada y civilizada (sin menoscabo a los Derechos Humanos que asiste al inmigrante ilegal), puedan ustedes recibir con dignidad y honor a sus ciudadanos.
Nos parece que, lejos de ser el representante digno de una nación heroica y combativa a lo largo de su historia, usted, señor presidente Michel Martelly, ha devenido en un gruñón, que con chantajes y amenazas pretende arrebatar lo que ninguna ley del mundo moderno admite.
Reconozca, tal hizo su Embajador en República Dominicana, Sr. Daniel Supplice, al admitir que su gobierno no aportó los documentos para Regular a los haitianos radicados en Santo Domingo.
Entonces, la salida a la Regulación en cualquier país soberano, tiene que ser pacifica y honorable, sólo a este Gobierno de Martelly, se le ocurre renunciar a la honra de esperar con dignidad a sus ciudadanos, para pasar a establecer dos vías: O se hace la repatriación de manera “pacifica” o habrá guerra.
Señor Martelly, retorne al mundo de la civilización, con la diplomacia puede encontrar vías de entendimientos imposibles de alcanzar con chantaje, amenaza y presión.
