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sábado, 11 de julio de 2015

EL JILGUERO: Otra agresión e injerencia de la OEA en República Dominicana

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POR SANTOS SALVADOR CUEVAS
Para Ecos del Sur

Nada halagador se puede esperar en nuestro país de la presencia inminente de una comisión enviada a Santo Domingo y Haití por la Organización de Estados Americanos (OEA), dique para supervisar la aplicación de las leyes migratorias puesta en marcha por un país soberano, nada más odioso y vulgar que esta nueva agresión.

Alerta pueblo dominicano, estamos frente a una nueva agresión de una organización de historia injerencista, que, desde el momento de su creación en 1948, al unísono del nacimiento de la Guerra Fría, una vez concluida la Segunda Guerra Mundial en 1945 y repartido el mundo en esferas de influencias por las potencias vencedoras.

Desde ese momento y  hasta la fecha surgió la OEA, sólo como instrumento al servicio del Departamento de Estado de los Estados Unidos América (E.U.A), entretejiendo a su alrededor una historia tenebrosa de injerencia política e invasiones militares a lo largo y ancho de todo el Continente.

A Santo Domingo le tocó en 1965.

De esa nefastas agresiones, ni los dominicanos pudimos escaparnos, pues este mamotreto, al que llaman OEA, fue la instancia que sirvió para legitimar la invasión armada de más de 42,000 marines gringos en 1965, auxiliados en una denominada Fuerza Interamericana de Paz (FIP), donde asesinaron a más de 5 mil jóvenes dominicanos, varones y hembras, cercenaron el triunfo del alzamiento Cívico-Militar, conquistado a fuerza de sangre y heroísmo por nuestro pueblo, que reclamaba el retorno al poder de Juan Bosch y a la constitución de 63, encabezados por el Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó.

De esa invasión asesina, su principal sustentador político o el instrumento en que se apararon los gringos lo fue la OEA, quienes mancillaron nuestra patria y dejaron a su salida las condiciones para unas elecciones amañadas y fraudulentas, celebradas en 1966 y en la que se dio inicio al Gobierno tenebroso de los 12 años de Joaquín Balaguer.

La OEA debió desaparecer junto con la Guerra Fría en 1989, pero no fue así, pues su permanencia responde a la prolongación en el tiempo de un instrumento injerencista e irrespetuoso del derecho internacional que asiste a las naciones soberanas y que siempre actúa al servicio del Norte.

La OEA no debe ser recibida con flores, ni alabanzas. Al llegada al país la OEA, las fuerzas vivas y democráticas, deben imbuirse de patriotismo y civismo, poniendo en marcha una cadena de protestas sociales en rechazo a su tan ominosa presencia; no hay nada bueno que esperar de la OEA que no sea la injerencia y el descaro de pretender trazar pautas y mandatos a una nación libre.

La OEA no debe ser aceptada en Santo Domingo, y si se le ha permitido el derecho a pernotar en nuestro suelo, pues eso no obliga al dominicano a atenerse de repudiarla y expresar la indignación de una nación que de nuevo se sienta agredida y amenazada por sus ejecutorias injerencistas.

Estamos frente a una amenaza real.

Nadie descarte que luego de sus “observaciones” en Santo Domingo y Haití, el próximo paso de esos invasores patológicos, venga a ser el establecimiento de un cordón militar a lo largo y anche de la frontera dominico – haitiana, para impedir sean retornados hacia su nación todos los inmigrantes ilegales que no hayan regulado su situación ante los organismos competentes.
La nación dominicana se encuentra amenazada por las mismas instituciones y las mismas potencias que a lo largo de nuestra historia siempre nos han agredido.

Dominicanos uníos, se impone la más férrea unidad nacional y popular, ni un paso atrás.

Tal nos enseñara el patricio Juan Pablo Duarte, tenemos que ser libres de toda potencia extranjera, o que “se hunda la Isla”.