POR JOSE VALENTIN
Corría el año 1987 y los 8 años adornaban mí mocedad. El sector donde nací y me desarrollé no es muy diferente a lo que es hoy con la única excepción del asfaltado de las calles y unas que otras construcciones modernas fabricadas después del huracán de 1998. Siempre vivimos en el barrio Cacique pero nunca hice vida social en ese sector de mi municipio ‘’Tamayo’’ toda mi infancia y parte de mi adolescencia la viví en el barrio Alto de las Flores.
De chico disfruté conversar con personas longevas, mis recorridos en busca de aquellos momentos amenos se extendían desde visitar a Doña Faustina la mamá de Benilda abuela de los Gomera, hasta concluir donde Cacacho esposo de Justica, quien a la sazón vivían frente a la casa de doña Chichí la madre de Laisi.
Conversar con Cacacho era como sentir la sensación de abordar una máquina del tiempo, me hablaba de cuando era joven y de cómo llegó al pueblito, de cuando tuvo su primer conuco. Cuando lo conocí estimo que debía tener unos ochenta años, pero con un ánimo de un joven de quince juguetón y bromista dotado de una carcajada única, fue la primera persona que escuché decir no quiero carne de ahí ni de ahí solamente de ahí, recordarlo me satisface.
Al finalizar nuestra tertulia el afable viejo me premiaba con un gabiado, era una combinación de un trozo de pan con un guineo maduro, Justica se molestaba porque aquel obsequio significaba menos entrada para el sostén de la casa y la venta de pan y guineo maduro era la fuente primaria de ingresos para la vieja pareja.
Con Faustina las conversaciones eran menos amenas y más largas. Llegábamos a un nivel de profundidad en nuestras pláticas que me llenaba hasta la saciedad sin haber comido una pisca de las tantas galletas que ella colgaba en el centro de su sala. Me hablaba de cómo se preparaba un ponche de huevos de patos, de como su padre se paraba frente a su casa con un tirapiedras, luego con una escopeta y mataba decenas de palomas silvestre, de cómo ella siendo una jovencita se fajaba a pelarla y a cocinarla……….
Me fascinaba halarles los cueros de los brazos y de las manos por la flacidez de su piel, ella me lo permitía, finalmente me despedía e imploraba a la anciana obsequiarme algunas galletas y golosinas para mi pleno disfrute.
En mis andanzas consuetudinarias visitaba a Don Paulino Reyes, con él nunca logre mi objetivo de hacer un vinculo fraternal, aquella casa era revoltosa y muy concurrida por chicos y adultos y no tuvimos momentos de soledad. Anhelaba penetrar en sus interioridades y atosigarlo de preguntas tras preguntas, antes de recibir la respuesta de la pregunta anterior, pero nunca lo logre.
Dentro de tantos y tantas personalidades mi favorita era Miná, una señora de tés oscura y brazos descarnados que vivía frente a mí casa, progenitora de Angelia, tía de Machungo, pariente de Prima la esposa de Vigillo. No recuerdo haberla visto que no fuese caminando en tres patas. Amable, cariñosa, consejera, dadivosa, cálida, paciente……… estimo que rondaba los 105 años y yo apenas 8 o 9 cuando nos imbuíamos en un mundo de preguntas y respuestas, me contaba de cuando los perros se amarraban con longanizas, de la elaboración de batumen para curar diversas enfermedades. Habían momentos en que la vieja mujer se iba tan lejos que perdíamos la esencia de las conversaciones, se tele trasportaba tan atrás que me hacia entrar en un estado de incredulidad.
Miná me asigno un guardián espiritual, un santo que me protegiera ‘’ Santo Niño de Atocha’’ recordarlo me da risa. Me volví un experto en la identificación de hojas y hierbas medicinales, conocía desde la tuatúa hasta el alpasote.
Recuerdo que para esos tiempos la gente sufría de seca ‘’ pequeña protuberancia en ambos lados de las piernas ‘’ ¡Ya no se ven las secas!
Miná me enseño a curar las secas a través de una oración, ella se frotaba las 2 manos hasta lograr calentarla y me decía repite después de mí ‘’ Santilino y Santilano andaban por un camino se encontraron con un niño y el niño era Jesus, el niño le dijo pásate las manos tres veces y sanaremos, pásate la mano tres veces y sanaremos. ¡Y misteriosamente la seca desaparecía!
¡Me hubiese gustado vivir eternamente en aquella especie de quimera!
Continuará……
