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martes, 28 de julio de 2015

OPINION: Subjetivismo, falso nacionalismo y politiquería en el tema inmigratorio

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POR RUBEN DOMINICI

Es perjudicial para la construcción de la ciudadanía abordar el tema migratorio con pasión, sectarismo, interés político o nacionalismo trasnochado.  La migración masiva humana es un fenómeno universal muy complejo desde 40 a 50 años atrás, cuyos factores han sido mayormente sociales o ambientales. 

Alrededor de 2 millones de dominicanos han ido del país desde 1996 a la fecha, y las remesas que envían a sus familiares son nuestra tercera fuente de divisas. Lo mismo pasa con Haití, que ha visto salir  al exterior a una considerable cantidad de su población, la que hoy contribuye significativamente con divisas que alivian la penosa situación en que vive la gran mayoría de sus habitantes.  

Todos sabemos que ambas migraciones, la dominicana que sale y la haitiana que entra, tienen las mismas  causas, que no son otras que las precariedades económicas en que vive la mayoría de la población, y la falta de oportunidades de mejoramiento en lo social y lo económico. Mientras que paralelo a lo anterior, los grupos políticos aliados al gran capital nacional e internacional terminan amasando fortunas que compiten con las que ha construido la burguesía tradicional en generaciones.

Por estas razones hay tanta pobreza y corrupción en Haití, y tanta pobreza, corrupción y delincuencia en nuestro país. De modo que los sectores económicos y políticos que gobiernan a Haití y la República Dominicana son similares en cuanto a la esencia, y aliados en cuanto a intereses de clases. Recordemos que el capital no tiene fronteras, ni nacionalidad, ni sentimientos de ningún tipo. 

La inmigración masiva en cualquier país  del mundo, documentada o no, favorece al empresariado local porque implica mano de obra más barata, lo que aumenta las ganancias y la acumulación de capitales. Por eso los grupos dominantes dominicanos han facilitado la inmigración indocumentada haitiana por 100 años, y ahora ponen a unos fanáticos asalariados del Estado a embobarnos con el cuco de la fusión de las dos repúblicas, cuando todo el que tiene dos dedos de frente sabe que eso no es posible porque somos dos sociedades completamente diferentes en historia, cultura, lengua, y realidad socioeconómica. Por demás, es ampliamente sabido que las fusiones han sido catastróficas. 

Y la otra cara de la moneda,  la emigración masiva,  produce remesas que impactan positivamente en la economía en sentido general, además de funcionar como una válvula de escape de las tensiones sociales que generan la explotación, la corrupción y el mal gobierno. 
Para ilustrar mejor el tema, hagamos un ejercicio mental haciéndonos las siguientes preguntas:
1. ¿Qué sería hoy de  nuestro país en lo económico, social y político si no hubieran  emigrado los casi dos millones de personas que lo han hecho desde 1966 a la fecha, y por tanto, hoy día no fueran los dueños de más del 70% de las bodegas (colmados) de Nueva York y del 95% de los supermercados (como unidades, y no del capital en sí), y no constituyeran por tanto la tercera fuente de divisas del país, con 4,620 millones de dólares el pasado año 2014?  .

2. ¿En el hipotético caso de que no hubiéramos tenido la emigración masiva referida, los políticos del sistema fueran tan simpáticos y prometedores como son hoy, o tuvieran que andar metidos en jaulas metálicas para que los indigentes muertos de hambre no los lincharan?
3. Y de último, ¿no estuviéramos de revuelta en revuelta, de masacre en masacre, en inestabilidad económica y política permanente que alejara a los turistas y la inversión extranjera en sentido general?.

Igual situación se diera en Haití si los haitianos no hubieran podido emigrar a nuestro territorio y a otros países del Caribe. Y esto lo sabe la burguesía por simple instinto, como se alimenta un niño del seno de su madre. Lo demás es fanatismo, politiquería, falso nacionalismo y entretenimiento, por aquello de que “al pueblo, pan y vino”. Y cuando escasea el pan, aumentar el vino.

Y como ambos países están en procesos electorales, sus gobernantes hacen grandes esfuerzos por sacarle el máximo provecho a esta desgracia. Y para este Fin, no importan los Medios, como recomienda Maquiavelo. Así que de este lado de la frontera se ondea por doquier la bandera  nacional y se pregonan consignas que encienden el “nacionalismo”, “el patriotismo”, la defensa de la soberanía nacional”. Y del lado haitiano, se recurre a un recurso que le ha sido fructífero, que es el de hacerse víctima, y a su habilidad en el manejo de la diplomacia.

En conclusión, esta desgracia humana que es la masiva presencia de haitianos indocumentados, ambos gobiernos la están usando para sus propósitos electores, porque pone en un segundo plano que nuestro país está tirado a las calles exigiendo servicios y otros derechos que no le son correspondido; lo mismo que desvía la atención de los grandes casos de corrupción denunciados, incluyendo uno internacional con las plantas a carbón.  Igual pasa en Haití, que el presidente no está al día en montaje de las elecciones locales y nacionales, hay corrupción por doquier, y la población sumida en la pobreza.

Para que no haya lugar dudas, reitero mi posición histórica sobre la migración: Soy partidario de la regulación de la inmigración, del cero macuteo en la frontera, del respeto absoluto a la dignidad humana y a los Derechos Humanos, y del DERECHO A LA NACIONALIDAD DEL PAÍS DONDE SE NACE. 

Y por favor, cuando tratemos temas migratorios recordemos que Abrahán, patriarca hebreo, vino de Mesopotamia; que el pueblo hebreo fue inmigrante en Egipto; que hay dos millones de dominicanos que tienen su alma aquí y su cuerpo diseminado por todo el mundo; que cientos y cientos  han muerto en el Canal de la Mona buscando una mejor vida; que 22 personas murieron en el Regina Express; y que en ruta a Europa, cientos llegan cada día a Lampedusa procedentes de África, Asia y hasta de Oceanía.