Por Mayobanex De Jesús Laurens
Los seres humanos carentes de talento están siempre al acecho de los individuos que los tengan. Cuando llegan a descubrirlos, una gran parte de ellos los protegen y los valoran como tesoro. Hay otros que retuercen los labios, se muerden la lengua y hasta diarrea les da la rabia que sienten por no tener siquiera la iniciativa de pensar en algo positivo.
Siempre invoco al gran florentino: “Seguid tu camino”.
Al inmenso batallador incansable que le hizo ver a Francia, Rusia y Estados Unidos la necesidad de crear un gran frente de aliados contra el imperio diabólico nazi de Hitler: Winston Churchill: “Nunca te rindas, nunca, nunca, nunca, nunca, en nada, sea grande o pequeño, valioso o insignificante; nunca te rindas excepto a las convicciones del honor y del sentido común”.
O me aferro al insigne José Ingeniero, y su “Hombre Mediocre”, cuando introduce en la obra tan profundo pensamiento: “Los seres de tu estirpe, cuya imaginación se puebla de ideales y cuyo sentimiento polariza hacia ellos la personalidad entera, forman raza aparte en la humanidad: son idealistas”.
Pero al final lo entiendo, pues hay seres humanos que nunca cambian, aunque se trasladan de sitio en sitio. Ya lo avizoraba Don Francisco de Quevedo en su: “Vida del Buscón”, cuando expone: “No cambia de estado quien cambia solamente de lugar y no de vida y costumbres”.
En fin, siempre acuño la frase del cineasta Orson Wells, atribuida por error a Cervantes y su Quijote, pero que la misma no se encuentra en el maravilloso libro: “Nos ladran, Sancho, señal de que cabalgamos”.
Al inmenso batallador incansable que le hizo ver a Francia, Rusia y Estados Unidos la necesidad de crear un gran frente de aliados contra el imperio diabólico nazi de Hitler: Winston Churchill: “Nunca te rindas, nunca, nunca, nunca, nunca, en nada, sea grande o pequeño, valioso o insignificante; nunca te rindas excepto a las convicciones del honor y del sentido común”.
O me aferro al insigne José Ingeniero, y su “Hombre Mediocre”, cuando introduce en la obra tan profundo pensamiento: “Los seres de tu estirpe, cuya imaginación se puebla de ideales y cuyo sentimiento polariza hacia ellos la personalidad entera, forman raza aparte en la humanidad: son idealistas”.
Pero al final lo entiendo, pues hay seres humanos que nunca cambian, aunque se trasladan de sitio en sitio. Ya lo avizoraba Don Francisco de Quevedo en su: “Vida del Buscón”, cuando expone: “No cambia de estado quien cambia solamente de lugar y no de vida y costumbres”.
En fin, siempre acuño la frase del cineasta Orson Wells, atribuida por error a Cervantes y su Quijote, pero que la misma no se encuentra en el maravilloso libro: “Nos ladran, Sancho, señal de que cabalgamos”.
