POR JOSE VALENTIN PEREZ
Cuando tomé la firme y zanjada decisión de publicar mis pareceres en los periódicos de circulación nacional lo hice con el conocimiento claro y concienzudo de que en algún momento esto me podía traer encontronazos e inclusive con amigos y personas muy allegadas a las que estimo, admiro y respeto.
Ser comunicador exige entrega, apego, objetividad, y hasta cierto punto gallardía, no para pulsear, sino más bien para exponer tus ideales claros y precisos sin importar el escenario donde se gravite, razón que me ha llevado a ser un férreo adversario ideológico del filósofo y ensayista español José Ortega y Gasset cuando dice ‘’ El hombre es él y sus circunstancias’’ no, yo soy yo, sin importar mis circunstancias.
Cuando se toma la espinosa decisión de transitar por el camino de la comunicación se asume el riesgo de recibir presiones, amenazas, alzamientos de calumnias, e inclusive llamadas insultantes que buscan limitar tú accionar, seducirte a que soslaye a tus principios utilizando métodos alternativos como la mayéutica para que se desista y renuncie a lo que realmente eres.
Tus detractores buscan el camino más corto para descalificarte alegando que tus opiniones son el producto de una complicidad mancomunada por uno o varios interesados en sacar a relucir sucesos que benefician a un compuesto, se refieren a los llamados comunicadores pagados.
No voy a decir que soy honesto pero mis hechos hablan y me siento inmodesto de haber sustentado principios, metas y valores, rechazando sobornos y canonjías. He sido combatiente de cosas malas, transitando a veces por mares adversos, conduciendo mi nave espiritual.
El más elevado tipo de hombre es el que profesa lo que practica, decía Confucio, a la historia me someto para que me juzgue, pero jamás renunciaré a mi principios prefiero quedarme sin sangre en las venas antes de doblegarme a hechos aberrantes e inescrupulosos que van contra las prácticas éticas y morales que mínimamente debe tener un ser humano.
Mis ponencias son el producto de meditaciones consuetudinarias y del reencuentro cíclico que existe entre quien soy y quien aspiro ser, lejos de todo influjo yo soy yo sin importar mis circunstancias. Siempre he sido autocrítico en mi accionar, abierto a recibir reprendes de quienes quiero y estimo, no más así dejarme conducir como caballo de coche doblegado por su amo y forzado a fijar la mirada siempre al horizonte. Soy amante de la democracia, y leal a mis principios.
¡Podría renunciar a todo e inclusive a la vida, pero jamás a mis principios!
Cuando tomé la firme y zanjada decisión de publicar mis pareceres en los periódicos de circulación nacional lo hice con el conocimiento claro y concienzudo de que en algún momento esto me podía traer encontronazos e inclusive con amigos y personas muy allegadas a las que estimo, admiro y respeto.
Ser comunicador exige entrega, apego, objetividad, y hasta cierto punto gallardía, no para pulsear, sino más bien para exponer tus ideales claros y precisos sin importar el escenario donde se gravite, razón que me ha llevado a ser un férreo adversario ideológico del filósofo y ensayista español José Ortega y Gasset cuando dice ‘’ El hombre es él y sus circunstancias’’ no, yo soy yo, sin importar mis circunstancias.
Cuando se toma la espinosa decisión de transitar por el camino de la comunicación se asume el riesgo de recibir presiones, amenazas, alzamientos de calumnias, e inclusive llamadas insultantes que buscan limitar tú accionar, seducirte a que soslaye a tus principios utilizando métodos alternativos como la mayéutica para que se desista y renuncie a lo que realmente eres.
Tus detractores buscan el camino más corto para descalificarte alegando que tus opiniones son el producto de una complicidad mancomunada por uno o varios interesados en sacar a relucir sucesos que benefician a un compuesto, se refieren a los llamados comunicadores pagados.
No voy a decir que soy honesto pero mis hechos hablan y me siento inmodesto de haber sustentado principios, metas y valores, rechazando sobornos y canonjías. He sido combatiente de cosas malas, transitando a veces por mares adversos, conduciendo mi nave espiritual.
El más elevado tipo de hombre es el que profesa lo que practica, decía Confucio, a la historia me someto para que me juzgue, pero jamás renunciaré a mi principios prefiero quedarme sin sangre en las venas antes de doblegarme a hechos aberrantes e inescrupulosos que van contra las prácticas éticas y morales que mínimamente debe tener un ser humano.
Mis ponencias son el producto de meditaciones consuetudinarias y del reencuentro cíclico que existe entre quien soy y quien aspiro ser, lejos de todo influjo yo soy yo sin importar mis circunstancias. Siempre he sido autocrítico en mi accionar, abierto a recibir reprendes de quienes quiero y estimo, no más así dejarme conducir como caballo de coche doblegado por su amo y forzado a fijar la mirada siempre al horizonte. Soy amante de la democracia, y leal a mis principios.
¡Podría renunciar a todo e inclusive a la vida, pero jamás a mis principios!
