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viernes, 25 de diciembre de 2015

OPINION: Cambio climático y la presa de Monte Grande

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Por Virgilio Gautreaux P. 
Tomado de Armario Libre

En una entrega anterior citamos algunas manifestaciones sobre el cambio climático mundial y determinadas señales que ya están incidiendo sobre los ecosistemas y la producción agropecuaria de la Región Enriquillo. Todo esto sin dejar de citar el flojo rol desempeñado por las instituciones públicas frente a la tragedia ambiental que ya se manifiesta en el Valle de Neyba.

En efecto, tres ciclones en el 2010, las inundaciones del Lago Enriquillo, la notable reducción de las aguas de la laguna de Cabral, así como la disminución del cauce del río Yaque del Sur y de toda una serie de ríos, riachuelos, corrientes de agua y pozas, nos dicen que no podemos perder más tiempo y tomar las previsiones que el caso amerita.

Nuestro Sur se caracteriza por la abundancia de bosque seco y limitada cantidad de agua, lo cual ha incidido negativamente en su desarrollo económico y social. A su vez, durante el siglo pasado fue atacado por numerosos ciclones que provocaron grandes pérdidas en infraestructuras, explotaciones agropecuarias, hogares y centenares de víctimas humanas.

De igual modo, la Región Enriquillo con regularidad es azotada por incendios forestales espontáneos, pero cada vez es más frecuente la intervención de manos criminales que desguazan nuestros bosques, especialmente los ubicados en las cuencas hidrográficas.

 Son numerosos los profesionales y especialistas suroestanos que vinculan el deterioro ambiental de las cuatro provincias de la Región Enriquillo, con el incremento de las plagas y enfermedades que afectan la flora y la fauna de esta parte del país.

Las grandes explotaciones-como es el caso del Ingenio Barahona-también confrontan serias limitaciones en su desempeño. La pasada Zafra se redujo el área sembrada, la producción de azúcar y la de melaza. También se contrajo la contratación de mano de obra, la compra de insumos, el transporte de azúcar y melaza al mercado nacional, así como la compra de otras materias primas. Si ampliamos este caso a las plantaciones de plátano, guineos, tomates, frutales y otros rubros, entonces podemos percatarnos de la gravedad de la situación.

Es en este punto que nuevamente fijamos nuestra atención en la presa de Monte Grande. Es entonces que nos percatamos de su importancia estratégica para el presente y el futuro sostenible de las poblaciones ubicadas en el valle de Neyba.

Sería muy reiterativo presentar nuevamente los principales beneficios que se derivan de esta importante obra, pero no podemos dejar de citar que uno de los principales aportes de la Presa, es garantizar el suministro de agua  para la agropecuaria y el consumo humano por los próximos ochenta años!!

Tendríamos garantizada nuestra “seguridad hídrica” y controladas las inundaciones.

Los barahoneros, la gente de Jimaní y los pobladores de Neyba y de todos los Municipios y Distritos Municipales que integran las tres demarcaciones, tienen que dar un paso al frente y reclamar al Gobierno que reinicie los trabajos de construcción de la PRESA DE MONTE GRANDE en la primera semana de Enero del 2016.