Por Valentín Pérez
Sí, es cierto que el proyecto “Taxi de mi Barrio” fue un proyecto ideado por las autoridades de turno, con el objetivo de combatir el desempleo, la falta de oportunidades que brinda el mercado laboral y hasta cierto punto la delincuencia que predomina básicamente en los barrios marginados de Santo Domingo y del interior.
Durante los meses de abril-mayo del presente año, el proyecto tuvo una popularidad descomunal, y todos conocemos las razones, no quedó un solo domicano sin importar su nivel socio-económico que no se le ofreciera uno de estos vehículos, y por supuesto los más necesitados vieron en el oficio de taxear una oportunidad para mejorar sus condiciones de vida y las de sus familiares, el proyecto se cualquierizó y aparecieron los facinerosos, quienes vieron en el proyecto una oportunidad para enriquecerse.
¡Y lo consiguieron! Los formularios de solicitud para la asignación de los vehículos que el ejecutivo había diseñado se les puso costo, quinientos pesos, ¿quienes ?malhechores organizados en padillas, tomándose atribuciones que nunca se les concedió, diciendo a la población que el gobierno les había otorgado diez mil unidades de estos vehículos , y la misma cantidad de formulario fueron vendidos ¡Tiren cálculo! pero esto fue un solo de los inciviles, imaginen ustedes cuantos formularios en su totalidad fueron vendidos y cobrados.
Post-elecciones el proyecto se enfrió, hay quienes dicen que Danilo se molestó por la anarquía que suscitó en el momento. Los facinerosos han vuelto de casería y ahora el formulario cuesta seiscientos cincuenta pesos, y están usando como punta de lanza para su venta y distribución, a los compañeritos de las bases del PLD, apuntando que este es un proyecto del Gobierno y que viene del palacio; sí, viene del palacio, pero a quien le cabe en la cabeza que un proyecto de esa envergadura, Danilo lo pondrá en manos perversas para que lo prostituyan y engañen a la población.
Es burda la venta de formularios, pero más burdo es vender sueños a decenas de hombres y mujeres de escasos recursos, que ven en el taxeo un modo para resolver sus problemas inmediatos. El individuo que cae en la trampa de seguir el juego de ofertarles el formulario a sus amigos y allegados, estará incurriendo en el peor de los engaños.
¿Por qué?
Los facinorosos se esfumarán y nunca más se sabrá de ellos, y será su casa, trabajo y entorno objeto de asedio; por amigos, vecinos y relacionados, buscando respuesta ante una promesa que nunca se cumplirá por esa vía “La asignación de una unidad de taxi”, finalmente usted por querer ayudar a sus seres más cercanos habrá sido cómplice involuntario de estafa.
¡Y quedó mal ante la sociedad!
