Por Dr. Octavio Féliz Vidal
Cuando un miembro de la pareja tiene poco deseo de tener relaciones sexuales, estamos probablemente frente a una disfunción sexual que requiere asistencia profesional.
En el medio cultural nuestro, acostumbramos a ser muy reservados con nuestros problemas en el área sexual. Debemos entender que un mal funcionamiento en esta área, requiere asistencia profesional de un Terapeuta Sexual, de la misma forma en que acudimos a un médico cuando tenemos un dolor de cabeza o sentimos que tenemos la presión arterial alta.
El poco deseo sexual es un síntoma que puede ser provocado por alguna enfermedad física que tenga el paciente o como ocurre, en la mayoría de los casos, por las dificultades y conflictos que tiene la pareja, que se manifiesta en uno de los miembros con escaso o poco deseo de tener relaciones sexuales.
¿Cuántas relaciones se considerarían como normales en una pareja durante una semana? Lo ideal sería que una pareja estable, que convivan bajo un mismo techo, tuviesen relaciones diarias.
Pero esto no siempre es posible. Las personas trabajan dentro o fuera del hogar y a veces están cansados. Sin embargo, por la experiencia clínica hemos observado que las parejas que tienen entre tres y cuatro relaciones sexuales por semana están muy bien, y podría considerarse como un promedio.
De igual forma, en las parejas que tienen deseo sexual disminuido la frecuencia de las relaciones disminuye drásticamente y puede ser de una por semana, o una vez cada dos semanas o tal vez una vez en un mes. Y no es de extrañar que haya parejas en las que se tenga una relación cada dos o tres meses.
Tener deseo sexual es equivalente a sentir apetito por algún alimento o comida que nos impulsa a su ingestión. Recuerdo de niño, cuando fui atacado por el sarampión que experimenté una experiencia que no conocía.
Perdí el apetito casi de manera total, y lo que ingería lo hacía porque mi madre casi me obligaba a hacerlo. Después de varios días continuaba la inapetencia y de tantos ofrecimientos que me hizo doña Tasin solo me interesé un poco en un helado que fue enviado especialmente a comprarse en la heladería. Esta experiencia siempre la recuerdo.
Luego de adulto uno va conociendo que puede perder el deseo por muchas cosas, en diferentes momentos, incluyendo perder el deseo por tener actividad sexual.
Master y Jhonson, padres de la sexología moderna, esbozaron la respuesta sexual humana y después de realizar estudios en el laboratorio con parejas y con mediciones de diferentes equipos y aparatos clasificaron la respuesta sexual humana en las fases de excitación, meseta, orgasmo y resolución.
En la fase de excitación en la mujer ocurre la lubricación vaginal como fenómeno más notorio, y en el hombre en esta fase ocurre la erección del pene.
Es bueno señalar que en la respuesta sexual hay un elemento vasocongestivo y un elemento muscular que son los que determinan el buen funcionamiento sexual humano. Luego de esta fase viene la llamada meseta que es una intensificación de la fase anterior.
Posteriormente viene la fase en la que se experimenta el gran placer sexual, que es la fase de orgasmo, en la cual el componente muscular de la respuesta sexual es preponderante. Y finalmente la fase de resolución es en la que los genitales vuelven a su estado inicial, donde la vagina perderá la vosocongestión que tenía y el pene pierde la erección.
Para un terapeuta sexual la respuesta sexual humana es el insumo básico para tratar las disfunciones sexuales. Pero el lector curioso observará que el deseo sexual no fue planteado como una fase en el esquema de Master y Jhonson.
Fue Helen Kaplan la que incluyó como fase el deseo sexual, como una suerte de serendipia, o hallazgo casual, ya que todos, hasta empíricamente sabemos que el deseo sexual es necesario para que se dispare la respuesta sexual.
Sin embargo, es a partir de Helen Kaplan que se incluye formalmente el deseo sexual como el primer componente de la respuesta sexual humana. Este hallazgo científico ha revolucionado la terapia sexual y nos permite tratar los problemas de deseo sexual, cuando afectan a la pareja.
El deseo sexual puede ser afectado por problemas de salud mental como es el caso de la depresión y algunas enfermedades físicas. Con mucha frecuencia los conflictos en la pareja disminuyen el deseo sexual.
Los problemas de disminución del deseo sexual son más comunes en la mujer que en el hombre, y los conflictos como agresión en la pareja, infidelidad, y problemas graves en la comunicación pueden provocar que la mujer no tenga deseos de tener relaciones sexuales con su pareja.
También hay que señalar que la ingestión de algunos medicamentos puede influir en la disminución del deseo sexual. Los factores son diversos y deben ser evaluados por el terapeuta sexual luego de una historia clínica adecuada.
Las técnicas utilizadas por la terapia sexual consiguen mejorar los problemas del deseo sexual disminuido en un porcentaje muy alto. Por lo que recomendamos que cuando un miembro de la pareja tenga disminución del deseo sexual busquen ayuda profesional adecuada, ya que el miembro de la pareja que no tiene problemas de deseo sexual casi nunca se da cuenta que su compañero o compañera tiene una disfunción sexual y lo que casi siempre piensa es que le están engañando o que no le quieren. El tratamiento de la terapia sexual tiene una alta tasa de éxito en los problemas de disminución del deseo sexual.
Algunas recomendaciones para prevenir los problemas del deseo sexual
Las parejas deben monitorear si su frecuencia de relaciones ha bajado muy drásticamente y como elementos profilácticos podemos recomendar mantener siempre un buen trato con la pareja, crear ambientes estimulantes para la relación sexual, las salidas ocasionales de la pareja sin los hijos, y sobreponerse a la falta de deseo o al cansancio físico, ya que se ha determinado que las parejas que tienen buena actividad sexual cuando son jóvenes o adultos jóvenes, podrán ser más activos cuando lleguen a la edad adulta y a la vejez.
De ahí que cultivar el deseo es una buena forma de empezar a restaurar la relación con la pareja y buscar que la relación marital sea de calidad y con un manejo adecuado de los conflictos que se presenten. Buen apetito y buen provecho.
El autor es médico terapeuta familiar y terapeuta sexual
