BUSCAR EN NUESTRA PAGINA

Header Ads

lunes, 27 de marzo de 2017

EL BLOK DEL PALO: José Martí, Rubén Darío y Vargas Vila

0 comments
POR MANUEL ODALIS RAMÍREZ ARIAS

Era el verano del 1894, en la ciudad de Nueva York, estaban tres grandes hombres de América: El libertador de Cuba, José Julián Martí Pérez (José Martí, 1853-1895), Félix Rubén García Sarmiento (Rubén Darío, 1867-1916), nicaragüense, poeta de América y José María Vargas Vila, escritor colombiano 1860-1933; existía entre José Martí y Vargas Vila una amistad imperecedera, al igual que el primero con Rubén Darío;  no era lo mismo entre Rubén Darío y Vargas Vila , ya que el Segundo, era un tenaz escritor en contra del poeta, siendo azotado duramente por escritor de Flor de Fango, azotándolo rudamente con su pluma embravecida, porque   entendía que solo vivía de las lisonjas y de las adulaciones, marcándolo como el poeta-tirano, como poeta cortesano José Martí , con deseos de unir en un encuentro fraternal a esas dos grandes figuras de la literatura y la poesía universal, provocó un encuentro, enviándole una misiva al hombre de El Ritmo de la vida , de la siguiente manera: “Comemos hoy, con nuestro Darío, y contamos con nuestro Vargas Vilas”.

Vargas Vila expresa: Sentí mucha indignación, ante aquella promiscuidad de concepto y, me excusé en una esquela displicente que  Martí encontró excesiva.
 
Pocos días después partió  Darío  de Nueva York, sin haber sido amigos.
 
Era el verano del 1896, el creador del ritmo de la vida, atravesando el océano, la embarcación que navegaba se fue a la deriva, rumoreándose   su muerte, acompañado de una bella dama.

Fueron grandes los artículos necrológicos que llamaron a la atención al escritor colombino, algunos de odio y otros de bondad, pero el que más admiró al narrador  de “La Muerte del Cóndor”, fue el escrito por el creador de “el canto errante el cual decía de esta forma:
 
 Amable enemigo mío como en la tumba de la “afrodita”de Pierre Louys, pondría en la tuya un conmemorativo y sonoro epigrama, en un griego de Nacianzo; y dejaría para ti y para tu bella desconocida, ¡así tendría a Venus propicia, Rosas, Rosas muchas Rosas.

Un dolor anacrónico volaba sobre esas páginas tan bellas, como al alma de aquel que supo siempre la palabra reveladora de la más alta forma de la belleza y la armonía.

Escribe el virtuoso de la novela-poema Salomé, una carta al poeta de Prosas Profanas, siendo el sello de su amistad, que habría de ser tan larga como sincera, y fueron amigos a distancia hasta la hora de su muerte.

Dos de las cosas que sorprendieron al poeta de los poetas de su gran amigo, era el ateísmo del colombiano y su soledad, a  Vargas Vila le sorprendió del poeta, el amor a al ínfula , los galones, la ostentosidad, vistosidad y ornamental de la vida palatina, siendo su  libro de cabecera, la Biblia, y su palabra sacramental tengo sed (de una copa), y aun así, esa amistad creció como las olas de un mar bravío y fue perenne como una noche sin amanecer.

El artífice  de  Flor De Fango, sentía debilidad por el genio inerme, desalmado ante la vida, y que pedía a grandes gritos ser protegido y admirado, cosa que siempre hizo uno de los ateo más influyentes del mundo.

A la muerte del poeta estaban a distancia en el 1916, y dijo  Vargas Vila esta frase: “No es posible la muerte del genio, porque el genio es inmortal.”

Edgard Poe, Musset, Baudelaire, Berlaine y todos los poetas del dolor, fueron sus hermanos, pero él lo superó, porque fue más rico que ellos, en la fuente de la inspiración y en las fuentes de las lágrimas… El padre de los motivos del lobo, conoció el alma del dolor, cuando los otros no llegaron a conocer si no, el dolor del alma.