POR MANUEL ODALIS RAMIREZ
Cada cierto tiempo nace un hombre que llena un espacio vacío en cada sociedad y que a su partida pasan muchos años para que ese vacío inmenso pueda ser llenado otra vez con las condiciones que tenía ese que acabada de marcharse; este es el caso de Rafael Alcántara (Rafo), quien después de su muerte, esa inmensa y maravillosa voz no se ha apagado y sigue llenando y cautivando corazones con sus románticas y deleitantes canciones.
Este singular artista vio la luz un 24 de octubre 1944, algunos afirman que nació en La Ciénaga, otros que fue en Barahona; no ha habido acuerdo al respecto, en lo sí existe acuerdo es que sus padres fueron Don José Alcántara quien falleció en Cabral 1945 e Isabel Feliz (LA BUENA), quienes habían nacido en la comunidad de la Peñuela del Municipio de Cabral.
Desde niño, por su pobreza total tuvo que desempeñarse en el humilde oficio de limpia bota y ya jovenzuelo, pasa a formar parte del cuerpo castrense denominado los Cascos Blancos en la que duró poco tiempo, al parecer no era su vocación.
Comienza a hacer pininos con su voz dándose cuenta muy rápidamente que esa era la vía de salir de la pobreza y convertirse en ídolo de multitudes, además de ser esa era su verdadera vocación. Apenas a los 20 años sube al estrellato para no descender jamás, grabando su primera melodía con el sello ZUNI de Radhamés Aracena, propietario de Radio Guarachita y la canción Tinieblas.
Luego de esa maravillosa melodía que ocupó el primer lugar el hit parade en todas las emisoras que tocaban ese género musical, llevándolo al estrellato y a la fama, siendo contratado allende los mares, primero por empresarios puertorriqueños en donde en sus presentaciones lograron un lleno total y absoluto, trasladándose luego a la ciudad de New York donde logró un rating de popularidad envidiable.
El soñador, así lo catalogaban sus amigos, como un idealista, guiado por sus ideas y valores personales, comienza a deleitarse y darse una mirada retrospectiva y a componer melodías que le habían golpeado su vida amorosa, ya que siempre lo acompañaba una canción de dolor, encajándose en el corazón de todo hombre que había tenido una pena o un desengaño, interpretando canciones como: entre abismo y envidia.
Siendo el compositor de todas y cada una de ellas, a excepción de muy pocas canciones compuestas por otros grandes compositores, como la Cama Vacía del compositor argentino Carlos Spaventa, que la compuso en el hospital y, cuando salió, la grabo y murió.
Pero toda luz que brilla en la tierra algún día se apagará como le sucedió a nuestro magno compositor y cantautor. Cuando a su vida le sobreviene una cadena de tragedias cayendo en una etapa de decadencia por varios acontecimientos que sucedieron.
El primero de ellos fue la muerte de su amada mujer Pura y su adorado hijo Roberto quienes en Connecticut, (en una visita a la iglesia) fueron impactados por un vehículo a alta velocidad pereciendo ambos.
Ese vacío tan grande que llega a su vida lo lleva a componer canciones como: Para mí todo acabó, Sólo penas llevo en el alma. Pero como dice el refrán, aun con ese dolor inmenso a cuestas, la vida debe continuar. Comienza al tiempo unos amores con una mexicana de nombre Lupita, con la cual procreó tres vástagos.
Ese fue su segundo desenlace de dolor, con problema con en la tierra de Pedro Infante, Raffo decide regresar a su país con sus hijos, a lo que se opuso la mexicana, desencadenando una persecución en contra de nuestro artista y acusado de secuestro, es llevado a la ergástula por varios meses; maltratado, golpeado y humillado es desterrado a su tierra de origen en donde llega en la miseria total; comenzando así un desvío emocional que lo lleva a su eclipse total de desequilibrio mental .
Luego de ser deportado a Santo Domingo ya estaba con su mente desquiciada, merodeando el síndrome de la locura, la que lo envuelve y comienza a deambular con un pantalón recogido hasta las rodillas, una camisa hecha harapo y un saco lleno de desperdicios con el que deambula por las calles céntricas de Barahona, principalmente en la calle Colón esquina María Montez, pidiendo CINCO PESOS para su subsistencia, pero diciéndole a nuestro amigos lectores que cuando alguien le ofrecía más de esa cantidad la rechazaba por su fijación mental solo en esa suma, y al recibirlo cantaba una estrofa de este popular merengue de la época, intitulada Hay queriéndote y Adorandote, del Conjunto Quisqueya.
Pero los barahoneros al ver nuestra joya humana en un declive total trataron ayudarlo, y un equipo de valerosos hombres, comenzado por nuestro Luis Sánchez y Américo Peña se ingeniaron un Radio-maratón para con esos fondos llevar a nuestro Raffo a un centro Psiquiátrico para su recuperación.
Se logró reunir en una tarima en el Estadio Nadin J. Hazoury a grandes voces del canto provincial como fue Afrani Cuevas, Manolín Feliz y nuestro inmortal Cesar Duran (el hijo del pueblo), entre otros grandes de la bachata, quienes hicieron acto de presencia sin pedir un peso a cambio.
Fue llevado al Hospital Psiquiátrico Padre Billini, de donde sale prácticamente recuperado y preparándose para un concierto en New York, pero la secuela que la enfermedad le había dejado lo frenaron y en una rápida recaída, estando en Santo Domingo, con paso lento hacia su destino final, mirando las estrellas en las alturas, el mar al horizonte y el enturbiado Río Ozama al fondo, el 21 de enero del 1985 día de Nuestra Señora de la Altagracia, en el Puente de la 17 se lanza al vacío, impactando en dicho río,quedando inerte en la orilla sin un solo suspiro de vida, cuando contaba con solo 41 años de edad.
Este genial intérprete la bachata romántica con su musa llenó los oídos de los mortales con esas canciones que solo él podía cantar y componer y que han de ser escuchadas generación tras generación, como se escuchaba en una vellonera, un picó, una consola o en un radio moderno el sonido melancólico, de uno de los bachateros románticos más grande de todos los tiempos Rafael Alcántara ( Raffo El Soñador), reposando su cuerpo en una tumba fría del cementerio viejo de esta ciudad de Santa Cruz de Barahona.

