POR SANTO SALVADOR CUEVAS
Vuelvo a insistir sobre la seguridad nacional, no sin antes poner los puntos sobre la í en cuanto a aspectos como el odio y la xenofobia, que se dan tanto en Santo Domingo como Haití.
Es decir, no todo lo que se exprese sobre las relaciones dominico-haitianas está marcado por el odio y el desprecio, muy por el contrario, no asumimos esa campaña indolente que llevan a cabo contra los inmigrantes haitianos sectores de la ultraderecha neotrujillista.
Entre República Domininicana y Haití deben prevalecer unas relaciones armoniosas, de consideración y respeto a los derechos humanos, siempre basados en la ley y la seguridad nacional.
Pero se impone reconocer que existe in crecendum -en ambos países- manifestaciones de odio y desprecio de unos por los otros, un día voy a narrar la experiencia vivida en Haití durante una semana en 1996.
Ahora bien, ser ciudadano consciente y abanderado de la armonía y el trato humano que debe prevalecer entre los dos pueblos, no debe limitarnos ni hacernos de la vista gorda ante el cambio que se registra en Haití a partir de esta semana pasada, y que podría tener serios impactos en la vida nacional Dominicana, específicamente en los pueblos fronterizos con Haití.
De manera objetiva voy a puntualizar -a mi modo de ver- la realidad en marcha esta semana en Haití, y que obliga a un replanteo del manual de la seguridad nacional dominicana:
1. Una semana antes y desde hace muchísimos tiempo, la mayor exportación de Haití hacia este país, no es ropas y comestibles, sino inmigrantes, lo que llegaban en masas a laborar en la industria de la construcción, la agropecuaria y con mayor puntualidad el corte de la caña de azúcar.
Durante todo ese tiempo no ha existido ninguna seguridad fronteriza, ello explica el porqué todos los campos y ciudades de República Dominicana están repletos de indocumentados haitianos. Más que seguridad lo que ha existido en la frontera es una estructura mafiosa, en la que se entienden empresarios y militares, no solo ahora, sino desde antaño.
Que no hay seguridad en la frontera te lo indica también el hecho recurrente de haitianos que cruzan al amparo de la oscuridad, con simples objetos cortantes, y se meten a los cuarteles dominicanos, donde hieren a los soldados y se le llevan los fusiles.
Hasta esta semana que finaliza, creo que no hay porqué preocuparse tanto por los indocumentados haitianos que laboran en Santo Domingo, lo que no quita que se aplique la ley a todos los indocumentados, sean haitianos, chinos, filipinos, gringos o no.
2. En Haití hace una semana que la situación ya no es la misma, pues durante 23 años Haití no tuvo más opciones que exportar labriegos, constructores y cortadores de caña hacia República Dominicana, pero con la creación de sus fuerzas armadas y los millares de jóvenes haitianos que piden ser enrolados en en el nuevo Ejercito, ese factor modifica la correlación de fuerzas y da de inmediato una nuevo opción de exportación a los haitianos: Pues ahora Haití tienen la opción de usar el canal migratorio para exportar soldados, o, mejor dicho, la tirantez y el odio en marcha entre ambos países podría devenir en caldo de cultivo para (en vez de labriogos) infiltrar soldados en todas las ciudades fronterizas.
Lo anterior indica e implica una nueva visión, nueva actitud y nueva displina en materia de seguridad nacional, implica que se debe legislar para el castigo a quienes infrinjen la ley, implica marcharle de frente a la estructura mafiosa que prevalece a lo lango de la frontera, se impone un nuevo enfoque militar para que se tenga ojos abiertos 24/7.
Mayores recursos técnicos y humanos, y una supervisión más dinámica, acompañada de la contra inteligencia, necesaria para identificar a los que se vender y atentan "contra la salud de la patria".
Sintetizo:
El problema mayor no está en la presencia actual de los inmigrantes, el problema fuerte radica en el control estricto y radical que se debe tener en toda la frontera (marítima y terrestre) a partir de ahora.
El buen trato a nuestro vecinos haitianos debe prevalecer siempre, pero la seguridad nacional debe primar como capítulo 1-1.
