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jueves, 1 de marzo de 2018

OPINION: Trujillo y los haitianos: Un pedazo de la historia mal contada

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POR  SANTO SALVADOR CUEVAS

Si de Trujillo existe algo claro en la conciencia nacional, es que, desde 1930 cuando ascendió al poder, hasta el día de su ajusticiamiento el 30 de mayo de 1961, es decir 31 años después, es el hecho de que en República Dominicana nada se hacía sin el consentimiento o aprobación del Generalisimo Rafael Leonidas Trujillo Molina.

El General tenía control de todo por muy diminutos que sean los hechos, y cada ciudadano tenía conciencia de que, cualquier acción al margen de la regla de juego establecida en La Era, tenía consecuencias muchas veces con cárcel, torturas o muerte, sin importar jerarquía, rango o nivel social.

Trujillo controlaba hasta el aire que respiraba la nación.

Si damos por cierto este enfoque (digamos histórico), si las cosas fueron así, entonces hay parte de la historia de las relaciones Trujillo-Haitianos, que está muy mal contada, pues se nos habla de la "matanza del perejil" de 1937, pero nadie toca el caso de los asentamientos humanos de grandes conglomerados de haitianos traídos desde Haití hacia el territorio nacional.

Permítanme dar par de pinceladas a propósito del tema:

El surgimiento de la industria azucarera dominicana está asociada a la intervención militar de la República Dominicana por los gringos o los marines del Gobierno de los Estados Unidos de América en 1916, y el desarrollo de dicha industria provoca la necesidad de manos de obra "barata".

Es así como, específicamente a partir de 1919, cuando empieza la llegada paulatina de braceros haitianos para el corte de la caña, esto fue creciendo durante la década de 1920 a 1930.

Pero, ¿Qué pasó con la inmigración de haitianos a partir de 1930, cuando asciende al poder el General Trujillo?

Como nos han vendido y dicho desde siempre, que Trujillo no toleró los haitianos, entonces ha de suponerse que -con los Trujillos en el poder- a los haitianos se le puso un stop e impidió que penetren el territorio nacional.

Más, no fue así.

Durante la Era de Trujillo fue cuando más migraron los haitianos al territorio Dominicano, y, no sólo llegaban en masas, sino que el Gobierno de Trujillo promovió el contrato de la mano de obra haitiana.

En la Era de Trujillo se enviaban funcionarios hacia Haití a contratar haitianos para el corte de caña, con el agravante que, para evitar invertir miles de pesos en contratar las mismas manos cada año, Trujillo dio la orden de que a esos inmigrantes contratados se le dejara en el territorio nacional a esperar la próxima zafra azucarera.

Los traían en camiones y los llamados catarey como saldinas en lata a cortar caña en la finca azucarera de Trujillo, porque aquí todo era propiedad de Trujillo.

De esa manera en República Dominicana nació un nuevo ente social que nunca antes existió: Los batelleros.

Al provocar que los haitianos no retornen hacia Haití, Trujillo estableció los asentamientos humanos de haitianos, a los que se les dio el nombre de Bateyes, que no sólo se ubicaban en Barahona, sino en todo el país donde establecieron la industria azucarera.

Así nacieron los bateyes, promovidos, aupiciados y bajo control absoluto de la tiranía.

Esa parte de la historia no nos las han contado.

Trujillo fue el propiciador inicial de la inmigración de haitianos en masas al país, los usó, les ordeñó y explotó de manera indiscriminada, la Era de Trujillo fue perversa y criminal.

Así como los trajo y le creó poblaciones, también así procedió a dar una muestra de poder continental o regional al propiciar el salvajismo con la persecución, la caza y los asesinatos en masas de humildes haitianos, lo que se conoce como la Matanza de 1937 o "las muertes del perejil": Haitinos que no sabían decir correctamente la palabra perejil, eran friamente asesinados, degollados, ametrallados, quemados vivos.

Al pasar los años este acto de barbarie se ha usado (hasta el día de hoy) para reivindicar a Trujillo y su Era nefasta, frente a la presencia bien marcada de inmigrantes haitianos en República Dominicana.

Trujillo los asesinó, pero Trujillo los trajo y pobló campos de haitianos en comunidades denominadas bateyes.

La situación que nos atañe con la presencia sentida de haitianos hay que tratarla en el marco de la ley (que se aplique la ley) y en el seno de la democracia.

El país no debe retroceder.

Es decir, los Dominicanos no debemos perder el derecho que hoy tenemos de expresarnos, participar, elegir y ser elegidos: No debemos renunciar a la libertad.

Es verdad que esta democracia se ha prostituido, acorralada en el libertinaje y, quienes han dirigido el Estado democrático en los últimos 50 años (con raras excepciones), no han entendido que el Estado surgió como una maquinaria de represión, para imponer la ley y el orden social.

Represión a la corrupción, represión al crimen organizado, represión a los violadores de niñas, mujeres y ancianas y garantía, cuidado y respeto a la autoridad legalmente constituida.

Aquí cualquier pelafustan nos presenta sin consecuencias alguna a la máxima autoridad del Estado como un vulgar delicuente, y te lo gritan sin tapujos por radio, periodicos, televisión y ahora en las redes sociales, sin que nadie se inmute ni reaccione, y así, a esto no se le debe llamar democracia: Eso es desorden, anarquía, indisciplina, libertinaje...y eso no debe seguir.

La figura del presidente de la República, de cualquiera que sea la fuerza política que lo llevó, si fue legalmente constituida, debe ser sagrada y, al no entender eso la autoridad, se cae en la degradación del Estado, la perdida de autoridad y en la apertura al caos y desorden.

El derecho a la critica y el debate son consustanciales a la democracia, pero se incurre en faltas graves cuando se enloda cada día la figura presidencial, sin que impere un régimen de consecuencias.

Esa debilidad del Estado democrático, es lo que fermenta la nostalgia por la dictudura y el terror.

Ojalá se pueda reaccionar, todavía estamos a tiempo.