Por Roberto Dominici (Rubén).
Nota: Por considerarlo de interés, reproduzco este artículo que publiqué el de septiembre de 2017. Y aclaro que esta es la versión correcta, pues el publicado era el borrador “Tanto va (o lo llevan) en cántaro al agua, hasta que un día se desfonda”
En Venezuela hay graves problemas económicos, descontento en amplios sectores sociales y económicos, y grandes dificultades en el gobierno para atender plenamente las demandas de la población en asuntos básicos. Es una situación muy compleja, que sólo se captaría objetivamente si uno se desprende de prejuicios de cualquier tipo a la hora de abordar este delicado tema.
Para empezar, es bueno preguntarse ¿Cuáles son los sectores socioeconómicos y políticos de Venezuela, de otros países latinoamericanos como Colombia, Argentina y Perú, y de los Estados Unidos que quieren que Maduro caiga? ¿Son los campesinos, los obreros, los profesionales de ideas progresista, los ciudadanos comunes, los millones de “hijos de machepa” de cualquier país que para el gran capital no son más que objetos, mano de obra barata que se usa y se tira según necesidad?
¿Defiende la gran prensa escrita, radial y televisiva norteamericana, latinoamericana, y en especial la dominicana, al pueblo venezolano?
En realidad, lo que está ocurriendo en Venezuela es que la gran burguesía está aprovechando al máximo la caída de los ingresos estatales por los bajos precios del petróleo. Al reducirse a veces hasta la mitad los ingresos fiscales por la caída del precio del petróleo, la inversión social del gobierno ha experimentado recortes. La misma situación anterior ha dificultado la importación regular de alimentos y otros bienes de uso masivo. Sobre la canasta básica, es sabido que Venezuela es pobre en producción agropecuaria.
El país no tiene grandes extensiones de tierras fértiles, como otros vecinos, que pudiera utilizar sin generar graves conflictos sociales o ambientales, sea esto por estar estos terrenos en posesión de varias etnias, o por su ubicación selvática. Por demás, la abundancia de petróleo ha favorecido que no se piense estratégicamente en la importancia de la producción agrícola, así sea con grandes innovaciones tecnológicas y cuantiosas inversiones estatales. Súmese a la riqueza petrolera grandes reservas (muchas en explotación actualmente) de hierro, bauxita, manganeso, fosfatos, plata, oro, níquel, carbón, diamante, y hasta coltán, este último utilizado en la fabricación de aparatos de alta tecnología como los celulares.
A pesar de las carencias de bienes básicos, y la reducción de algunos servicios, los que dirigen las marchas y movilizaciones en Venezuela no son los obreros ni los campesinos.
Fíjense como visten los encapuchados que vemos por la televisión: con “tenis pesaos” (como dicen nuestros jóvenes), con máscaras antigases de calidad, con unos niveles de agresividad contra las fuerzas militares y del orden público nunca visto en las movilizaciones de campesinos, obreras y otros sectores en toda América Latina.
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Si analizamos la situación de Venezuela “con la sangre fría”, con la mayor objetividad posible, podemos concluir en que realmente la caída de los ingresos estales provenientes del petróleo ha limitado las capacidades del gobierno para mantener la estabilidad económica y política del país posterior a Chávez. Sin embargo, sería irresponsable negar la culpabilidad del actual equipo gobernante por la no reorientación a tiempo del proyecto económico y político chavista, priorizando gastos e inversión, y apoyando decididamente la producción agropecuaria, la industria básica de alimentos y otros bienes de uso masivo. Todo esto, con la modalidad que impongan las circunstancias, con los pies sobre la tierra, y no con el ideal como estandarte.
Ahora bien, no seamos ingenuos más de la cuenta, pues lo que persigue la burguesía venezolana y el gran capital internacional no es solamente derrotar a Maduro y al proceso chavista. El real objetivo es frenar el actual proceso latinoamericano de surgimiento de gobiernos que cuestionan al gran capital, y a la vez, mantener o hacer surgir gobiernos serviles que favorezcan el mantenimiento la pobreza, la exclusión social, la corrupción gubernamental y otros males similares que engordan la delincuencia y el tráfico y consumo drogas.
De modo pues, que si cae Maduro, resbala Venezuela, y tropieza América Latina. Y es que se fortalecería el ala más conservadora de la burguesía latinoamericana actualmente dominante en países como Brasil, Argentina, México y otros. Y de otro lado, quedarían afectados proyectos burgueses de tendencia liberal como los de Ecuador y Chile, y en el cual, así sea sólo en política internacional, también está República Dominicana.
Así que no seamos “tímidos” a la hora de defender el actual orden institucional en Venezuela, y rechazar militantemente todo intento por derrocar por medios no democráticos lo que representa un avance en la lucha de los pueblos por su autodeterminación política y mejoramiento socioeconómico.
En esta lucha de la gran burguesía venezolana e internacional contra Maduro y su régimen, no podemos ser neutrales ni tampoco ingenuos para no saber que si actualmente promueven los violentos enfrentamientos que vemos por la televisión, no es por solidaridad con los pobres ni nada que se le parezca, sino para retomar el poder perdido, para volver a pisotear a los pobres, para volver a adueñarse del petróleo. Ya alguien lo dijo: “Si vieres a un blanco y a un negro/almorzando juntos un día/, o le debe el blanco al negro/ o es del negro la comía/.
