Izquierda advierte segunda ola del progresismo podría conducir a toma del poder político en varios países de la región

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POR RAFAEL MENDEZ
TOMADO DE ACENTO

Valoran “podríamos estar a las puertas de un punto de inflexión, con  situaciones favorables  para ganar importantes y decisivas cuotas del poder municipal y congresual  en otras naciones”

 De una situación “claroscuro” del año 2019, con señales de un despertar de los sectores golpeados por las políticas imperialistas y neoliberales, se pasa a un  2020 en el que se verifica “un repunte” con impresionante movilización popular y social en Chile de rechazo a las políticas imperialistas y neoliberales

Dos referente inobjetable de ese repunto: la victoria electoral del MAS, en Bolivia, y el   abrumador 78 por ciento de la población chilena votara de manera afirmativa al cambio de la constitución.

A ese “repunte” se añaden dos situaciones de gran trascendencia: el fracaso estrepitoso del Grupo de Lima, y la posibilidad numérica de reactivar UNASUR, CELAC y el ALBA.

CIUDAD DE MÉXICO, México.- La izquierda del continental americano, con la participación virtual de fuerzas políticas de la misma orientación de otras latitudes, tras un balance y perspectivas político-electorales post-pandemia en la subregión latinoamericana y caribeña, concluyó que en el devenir inmediato se advierte una segunda ola que podría conducir a los movimientos sociales, progresistas y de izquierda a la toma del poder político en varios países de la región.

El tradicional Seminario Internacional “los partidos y una nueva sociedad”, en su XXIV versión que convoca el Partido del Trabajo, de aquí, efectuado los días 26, 27 y 28 del pasado mes de noviembre, estableció que de una situación “claroscuro” del año 2019“, con señales de un despertar de los sectores golpeados por las políticas imperialistas y las políticas neoliberales”, se pasa a un  2020 en el que se verifica “un repunte” que tiene como referente inobjetable la contundente victoria electoral del Movimiento al Socialismo, en Bolivia, bajo el liderazgo de expresidente Evo Morales.

Al repunte de las fuerzas progresista y de izquierda se suma la impresionante movilización popular y social de rechazo a las políticas imperialistas y neoliberales aplicada desde los tiempos de la dictadura militar, más rigurosamente reeditada por el presidente Sebastián Piñera, lo que conllevó a que un abrumador 78 por ciento de la población chilena votara de manera afirmativa al cambio de la constitución de Augusto Pinochet.

Los análisis de coyuntura verificados en el evento internacional observan que “podríamos estar a las puertas de un punto de inflexión en el que los  movimientos sociales, fuerzas progresistas y de izquierda tengan por delante condiciones objetivas y subjetivas para imponerse en las elecciones presidenciales en varios países, al tiempo de aprovechar situaciones favorables que les permitirían ganar de manera sostenida importantes y decisivas cuotas de poder municipal y congresual  en otras naciones.

En Ecuador, que celebrara elecciones en febrero próximo, donde el gobierno de Lenin Moreno registra una popularidad en el piso, la formula Andrés Arauz-Carlos Abascal,  presentada por la Revolución Ciudadana, que lidera el ex presidente Rafael Correa, se coloca en primer lugar en  las preferencias electorales, en tanto en una Colombia, caracterizada por una violencia políticas de más de 50 años, y un presidente con un escasa tasa de aprobación, por primera vez tienen amplias posibilidades de imponerse las fuerzas encabezada por Gustavo Petro, un antiguo del guerrillero del desmovilizado M-19.

Y en lontananza también se observan, aunque con un dejo de estímulo, la victoria del demócrata Joe Biden, en Estados Unidos, aunque por un lado refuerzan cierto optimismo por las personalidades de pensamiento progresistas que apoyaron al electo mandatario, como Benny Sanders, y por otro, un tanto expresan pesimismo por la mentalidad guerrerista e intervencionista de Anthony Blinken, designado secretario de estado, funcionario este a quien le corresponderá aplicar  la política exterior del gobierno que se inaugura el 20 de enero próximo.

Precedentes que ilustran optimismo

Ese repunte que marca la segunda ola del progresismo, tiene como precedente relativamente recientes, a la República de Argentina “desencantada de la vuelta al neoliberalismo, que desde la izquierda hasta la centro-izquierda, retoma el gobierno en medio de una severa crisis financiera y social”, y que tiene como  trasfondo del primer aniversario de la llegada de Manuel Andrés López Obrador a la presidente de la República, en México, con un abrumador apoyo popular.

Mientras en la República Bolivariana de Venezuela, el chavismo se mantiene en el poder con el presidente  Nicolás Maduro, donde “el imperio pretendía legitimar con un pseudogobierno de fantoches y atracadores”, imponiendo a la nación suramericana un cerrado bloque económico, financiero y mediático, en tanto la Revolución Cubana resiste la criminal embestida del imperio por más de 50 años, y la Nicaragua Sandinista esquiva su sobrevivencia a los ataques que le devienen del mismo centro imperial.

El panorama alentador para las fuerzas progresistas y de izquierda, en los países donde están en el gobierno, y en las naciones que se están creando o están creadas las condiciones objetivas y subjetivas para ganar el poder por la vía electoral, viene precedida de dos situaciones de gran trascendencia: el fracaso estrepitoso del Grupo de Lima, y la posibilidad numérica de reactivar la Unión de Naciones del Sur (UNASUR), Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe (ALBA).

Allí se puso de manifiesto lo que denominaron como “la rutina pendular de la historia” donde hay ciclos de ascenso, y luego de retrocesos y derrotas, “en el que la izquierda y otras fuerzas políticas que se auto-denominan progresistas, por  un lado, y las del conservadurismo y la reacción, por el otro, estamos siempre en permanente antagonismo, y en cada coyuntura historia es la iniciativa política, la capacidad de acertar en el análisis de la correlación de fuerzas, la habilidad para percibir el estado de animo de la gente, y otros factores, lo que produce extraordinarias victorias y, en ocasiones, reveses severos”.

Se puso de manifiesto que lo que es axiomático  para los movimientos sociales, las fuerzas progresistas y de izquierda es interiorizar  que una cosa es trabajar con gente y otra cosa es trabajar para la gente, pero que lo importante es entender que lo único válido es que el pueblo se empodere sus necesidades y aspiraciones, y que desde el gobierno se hagan realidad, pero que la población sienta que las reivindicaciones que tiene en sus manos, como individualidades y como sociedad, es el resultado de sus luchas.

Y esa es la autocrítica sincera y objetiva, “que nos debe servir de horizontes”, y que debe ser válida para las fuerzas políticas que están en el Gobierno, las que están en la oposición, las que han salido derrotadas luego de estar en el gobierno, y las que nunca han gobernado, así como las que han llegado al estado por la fuerza de las armas y las que llegado por la fuerzas de las urnas, que sea “este esfuerzo de sistematización, balance y autocritica, así como las enseñanzas que se derivan de él, sea de gran utilidad para los revoluciones y luchadores que han decidido construir un mundo mejor”