OPINIÓN:El año que termina.

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 POR STILL PÉREZ

Como siempre, Dios ha sido la base de mi recorrido existencial, en este año como en toda mi vida, en tanto cada idea y realización pasan por su consentimiento. Dios me ha premiado al permitirme tantas posesiones de apreciado valor, así como me ha despojado y alejado de las que me dañan.

Amigos y familiares, compañeros de estudios y de trabajo, soldados y compañeros leales que integran mi ejército político, son los más elevados premios que Dios me ha dado a lo largo de este año que casi termina. También Dios me ha permitido reconciliación y cercanía con aquellos que estaban distantes.

En este año, como ningún otro, los valores por Dios dictados, proveyeron luz a mi foco para separar lo bueno de lo malo, como a la cizaña del trigo, y poder identificar lo más valioso para mí: la humanidad, sin perderme en mezquindades y vanidades.

Agradezco a Dios la vida, salud y recuperación  de las personas que aprecio, quiero y amo, las que ha protegido de la pandemia de salud y de la  económica; también agradezco, incluso, su misericordia con aquellos que han abandonado la existencia, porque los ha acogido en su santo seno.

La partida de nuestros seres queridos, como sacrificio divino, ha servido para recordarnos lo transitorio que somos en la existencia, que lo material suele ser útil pero siempre vano y pasajero, que lo que perdura, muchas veces lo tenemos y no lo valoramos, o lo cambiamos por lo que no vale. 

Espero en este nuevo año que casi inicia, gozar de vida y salud, con la compañía de los míos, para quienes también pido lo mismo. 

¡Feliz Navidad y próspero Año Nuevo!