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La adulación: un recurso para sobrevivir.

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Por Still Pérez
 

Los hombres de status elevado, sea éste social, político, económico o intelectual, arrancan la admiración de los hombres dotados de cierta sensibilidad. Es el preludio para que éstos últimos logren lo que los primeros. 

Hay senadores, diputados, alcaldes, y hasta presidentes, que alcanzaron tales jerarquías en la dimensión política, gracias a la impresión y fijación que le produjeron ciertos hombres que ascendieron primero.

Buenos médicos, abogados, ingenieros y acaudalados de la fortuna económica, tuvieron de frente, en algún momento, a hombres que le precedieron en tales logros, que se constituyeron en modelos y a los cuales imitaron para alcanzar lo que hoy son, y ser igualmente dignos de imitar por otros. 

Lo brevemente explicado, en nada se parece, pero puede confundirse, a la actitud de ciertos individuos, de espíritu vacuo y mezquino, que nada saben de admirar e imitar, sino de ser fuente de adulonería y lisonjas, frente al hombre que ostenta poder político, en una coyuntura determinada, o poder económico por un tiempo prolongado.

Para que este esquema de "tumbapolvismo" funcione es necesario que el adulado sea de espíritu parecido al del adulón: vacuo y mezquino, puesto que el hombre de carácter aborrece y repudia las lisonjas, incluso, se avergüenza del lisonjero.

La caracterización que hago sobre  "el adulón", tiene cierto parecido con la realidad de la llamada "comunicación de nuestros tiempos", cuyos exponentes (analfabetos y viciosos), en la generalidad de los casos, son unos tipos sumamente "lambones", mediocres y desafortunados.

Si ves a un tipo como éste, y eres un político con poder, o tiene alguna condición económica notable: ¡¡Aléjalo que te azara!!

 Que vaya con su virus a otra parte.