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Esas crisis políticas

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POR SANTO SALVADOR CUEVAS

El Norte de todo movimiento político-social sobre la faz de la tierra, debe ser la Paz, la convivencia pacífica, el desarrollo social.

El hambre, la explotación, la desigualdad y violación al Derecho de los ciudadanos, es materia prima, cardo de cultivo para el surgimiento de la violencia, la guerra y muerte.

Hace años que el condimento, la fuente o materia prima para la violencia y confrontación política campea sobre el territorio de Haití. Ahí no existe seguridad para nadie, el secuestro está a la orden del día, los linchamientos son normales, las calles en Haití son de nadie. Y nadie está seguro, ni siquiera el presidente de la República ni la familia presidencial.

Las potencias que históricamente han saqueado a Haití, Francia y Estados Unidos de América, hoy deben estar sacando balance de su culpabilidad en la crisis, de hasta dónde ha sido suficiente el influjo de inversión en Haití, o, mejor dicho, si han sido suficientes las migajas dejadas del pillaje a sus riquezas, situación que les ha convertido en la nación más empobrecida de lo que llaman el Hemisferio Occidental.

Esos acontecimientos en Haití, que se llevan de paro la vida del presidente de la República, Jovenel Moise y deja muy mal trecha en un charco de sangre a la primera dama, debe servir de escuela a los gobernantes del Continente, en cuanto a gobernar para su pueblo y no para las potencias extranjeras ni para los Popys.

Lo que se vive en el mundo actual no es la amenaza de una intervención militar imperialista, ese método está siendo relegado o dilatado, usando en cambio el contrato de mercenarios profesionales que se agrupan en corporaciones de sicarios y bestias humanas que salen a asesinar por dinero en cualquier rincón de la tierra.

Lo que se informa en los medios es, que quienes asesinaron al presidente de Haití, no fue un comando revolucionario, ni tampoco una fuerza de marines, sino elementos (suponemos que mercenarios) que hablaban español e inglés.

Ojalá que el camino de la paz retorne a Haití, ojalá los mandatarios del mundo se miren en el espejo del presidente Jovenel Moise.