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Un acto criminal recurrente

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POR SANTO SALVADOR CUEVAS 

Ubicados en una posición por encima de la Ley y fuera del contexto histórico que vive la República Dominicana, los abusos y toda clase de atropellos aplicados contra productores y labriegos por los guatemaltecos que se cobijan en el llamado Corsorcio Azucarero Central, eso no tiene antecedentes históricos en la Región, ni siquiera durante los 12 Años del gobierno represivo de Joaquín Balaguer. 

Con sus maquinarias de muerte y destrucción, los guatemaltecos mandan brigadas con protección del Gobierno, a destruir los sembrados y labranzas que durante años servieron de medios de subsistencia a decenas de campesinos y sus familiares.

 Llegan al lugar con maquinaria de muerte, destrucción y terror, golpean, reprimen, amenazan, apresan y, sin presentar argumentos legales, proceden a destruir los sembrados ante la impotencia y el desamparo de los productores. 

Los campesinos han jurado defender sus predios, y el Consorcio se impone insaciable y desmedido, ocupando terrenos que sobre pasan en dimensión, tamaño y lugar a los contratados con el Consejo Estatal del Azúcar. 

Quien debe regular el accionar de unos y otros, guatemaltecos y productores, es el Estado pero el gobierno ha tomado partido a favor de los agresores pues le facilitan libre accionar y la fuerza pública y militar para que repriman a los nativos. 

La sangre no ha corrido aún pero hacia eso camina el comportamiento libre de los guatemaltecos. 

La presencia ahora en el Lote 4 de Tamayo, después de sus hordas destructoras en los terrenos del Aguatico, es solo el preludio de las convulsiones sociales que se avecinan. 

Cuando maten a un campesino o a 4 o 5, entonces no se lamenten, y tampoco descarten el fin de la paz para los guatemaltecos, si se equivocan de calculo y generan sangre en estas tierras, entonces, la experiencia Continental dice que los campesinos crearán formas y mecanismos de defensa. 

De lo que pase en estos terrenos del Sur, solo habrá un culpable: El Gobierno, que juega a la diplomacia y la doble moral, mandando, por un lado, a los funcionarios del sector agropecuario a verder ilusiones y promesas a los campesinos, y, por el otro lado, manda al Ejército y la fuerza pública, a dar protección y apoyo a los dueños del Consorcio Azucarero Central.

El gobierno debe actuar ahora y señalarle los límites a los guatemaltecos.

Así mismo, el gobierno debe regular desde el punto de vista legal el uso de esas tierras que durante más de 50 años pertenece a los campesinos de Tamayo.