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Hay noticias que matan

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POR SANTO SALVADOR CUEVAS 

Desde la adolescencia que iniciamos en la vida política y social, entre los actores del ámbito nacional, empezamos a identificar la existencia de una figura fogoza, vertical y frontal, que proyectaba su discurso como un guerrero defendiendo desde su militancia partidaria sus ideales. Era Reinaldo Pared Pérez, de quien la vida nos llevó a intimar y ver en él diferencias y virtudes pero que le hacían una figura especial, notable, con criterios, amante de la música y el buen gusto.

Con su modestia y buen trato, Reinaldo contagiaba y provocaba simpatías en todo aquél al entablar un diálogo.

En una ocasión y por conducto suyo (como acción normal y propia de campaña), desde su oficina se nos pidió el apoyo para coordinar en el municipio de Tamayo su proyecto Presidencial, recuerdo que, previo a tomar una decisión, procedimos a consultar directamente al compañero Gonzalo Castillo (meses antes que durgiera la principalía de Ganzalo como candidato), quien nos autorizó a acompañarle, haciendo una ponderación muy positiva de Reinaldo Pared.

En dos ocasiones participamos junto a un equipo en su oficina, recibiendo sus orientaciones directas, en ambas momentos estuvo presente como contacto directo el periodista barahonero (y muy cercano a Reinaldo), el dilecto amigo Vianelo Perdomo.

Al salir de la oficina de Reinaldo y ya sobre mi cama en Tamayo, me puse a procesar la vivencia de aquél dia junto al dirigente político, había identificado unos "puntos débiles en materia de seguridad en esa oficina", con un hombre que además era presidente del Senado y Secretario General del partido de Gobierno", pues había notado que
 9 personas a su oficina, nos desplazamos por los baños y la cocina sin ser revisados en ningún momento. interpretamos que estábamos frente a un hombre muy sano, humilde, incapaz de hacer daño y ajeno a pensar que a él tampoco nadie le haría daño. Entendí que había un error de seguridad y se lo escribí, recibiendo luego su ponderación y las gracias a través de Vianelo Perdomo.

Cuando amaneci ayer y encontré mi WhatsApp con varias mensajes de amigos y compañeros que daban cuenta de este desenlace fatal, no podía creerlo, y no puedo asimilar aún que un temple de hombre, formado y actor en mil batallas ideológicas podía tomar el camino del suicidio.

No entro en valoración. Suicidarse no es acción típica de valientes ni de cobardes, es el resultado (no sólo del dolor que pueda afligir en un momento dado a una persona) sino, del estado de ánimo o del acorralamento que haga ese enemigo silente llamado depresión. Eso es mortal y, más implacable y desgarrante aún, cuando no socializa y comparte con los seres queridos o con especialistas en la materia.

Confieso que tal noticia me dio donde más me duele, le lloré como a un hermano o como se debe sentir por un ser humano que vivió de pie en batalla constante y frontal con entereza y respeto pero como un gladiador por la libertad y la democracia.