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La frontera está llena de agujeros

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Por Guillermo Pérez

Elías Piña: Después de tanto silencio acumulado, las poblacio­nes fronterizas parecen es­tar llegando a ver realidad sus viejos temores: Creen sus pueblos están siendo cercados, poco a poco, por una migración ilegal hai­tiana que empuja sin con­trol hasta sus vecindarios.

No son voces de políti­cos ni aspirantes a oportu­nistas. Se trata de ciudada­nos comunes, indiferentes a la xenofobia, la antipatía o el racismo.

Tienen miedo

La reconfiguración que ob­servan cada día en sus co­munidades urbanas y al­deas rurales se los revela con claridad.

En calles, negocios, ba­rrios, residenciales y en to­dos los vecindarios fron­terizos hay una masa de haitianos que sigue expan­diéndose sin cesar, y siguen llegando.

Y no hay manera de pa­rar este problema. La fron­tera que los separa de Haití está llena de agujeros, a dis­tancias extensas en muchos casos.

Por estos resquicios en­tran, sin problemas, familias haitianas enteras que luego se asientan tierra adentro, y los más decididos se que­dan en las comarcas más cercanas.

Las fuerzas de control fronterizas hacen sacrifi­cios enormes para prote­ger la franja divisoria, pero la frontera es tan extensa y accidentada que no pue­den abarcarla toda.

Por eso, los 25 kilóme­tros de verja perimetral construidos ya entre los pasos de Jimaní y Elías Pi­ña, para controlar las olea­das de ilegales, contra­bando, tráfico de armas, drogas, robo de vehículos y de ganado, tiene apoyo de los pobladores.