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Mis amigos de Prosperidad y su actitud frente al conocimiento

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Por Still Pérez 

El conocimiento debe ser socializable para que devenga en útil.

Hay quienes acumulan bibliotecas, con libros llenos de polvo, que ocultan y niegan a los demás.

No sé exactamente sus razones; pero si la razón es el miedo a que la persona de talento avance y hasta le supere,, me parece equivocada y mezquina esa actitud.

Desde niño he tenido la tendencia a dedicarme con pasión a lo que me gusta. De ahí que, según me parece, precozmente alcance algún nivel de avance. Pero esa misma pasión la he tenido en grado sumo para transmitir "todo cuanto" aprendo, acción para la que nunca he cobrado un sólo centavo. 

Recuerdo que cuando aprendí a jugar ajedrez, de las generosas manos de Modesto Peña, en mi barrio Villa Estela de Barahona, cada elemento que conocí, inmediatamente lo transmitía a otros niños y adultos, poco importaba que fueran éstos mis propios adversarios en las competencias.

Mi espíritu no se resiente cuando presto o regalo un libro que nunca he abierto, pues me importa mucho que los de mi entorno aprendan tanto o más que yo, y disfruten también de esa fascinante ocupación que se llama lectura. 

No obstante, nunca perdí una sola partida en los torneos de ajedrez que se efectuaron en Barahona, pues enseñar a los demás competidores nunca fue obstáculo para que ganara campeonatos sucesivos de forma invicta.

Estoy convencido, que mi generosidad con el conocimiento me llevó a avanzar un poco en el complejo mundo del ajedrez.

Hago este escrito en honor a los jóvenes del Club de Ajedrez Prosperidad, en Madrid, España, quienes me acogieron como un hermano y compartieron conmigo todo cuanto aprendieron, y me dieron calor y sentido humano en tiempos de frío.