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martes, 14 de noviembre de 2023

¿Cuánto vale la vida de un perro?

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Por Práxedes Olivero 

Julen Thomas era un muchacho de 18 años, lleno de sueños y que esperaba ser médico. Como acontece a muchas personas, él arrastraba la desgracia de ser pobre y negro, en un país de gente negra y en su mayoría pobre, pero con tendencia a preferir lo blanco y todo lo que con ello viene. 

La vida de Julen terminó abrupta y trágicamente, luego de desaparecer al final de la tarde del 24 de diciembre de 2013, para ser encontrado días después dentro de una cisterna llena de agua. La muerte de Julen sólo ocupó algunas páginas de los blogs de noticias locales. Nadie fue preso, y mucho menos juzgado. Cuando tragedias como estas ocurren, en el ámbito social se genera una sensación de impotencia y sólo, quizás, queda pensar que, en este país, la vida humana vale igual que la de un perro. 

Escribir sobre el crimen contra Julen Thomas fue una especie de catarsis al tormento que provocó en mi espíritu un hecho tan atroz acontecido en la calle de al lado. El breve relato se convirtió en denuncia, que luego, no sin experimentar miedo, di a conocer. Posteriormente, el título me provocó reflexionar sobre cuál es el valor real de la vida de un perro. Para empezar, en República Dominicana, y no sé si en otros lugares, la palabra perro se usa para caracterizar a una persona despreciable, grosera, de principios bajos o de escasa importancia social. Algunas expresiones que hacen referencia a esta concepción forman parte de nuestra cultura popular: “Ese maldito perro”, “Ese perro del diablo”, “Lo mató como a un perro”, “..., esa buena perra”, “Ese es un perro”, “..., ese perrrrro”.  Por supuesto, es necesario deconstruir esta percepción y extraerla definitivamente de nuestra forma de ver el mundo, y a los perros especialmente. 

Conocemos historias de perros héroes. El perro del héroe nacional Antonio Duvergé fue sinónimo de fidelidad y valentía. El acompañaba al Patricio en las guerras contra las huestes haitianas en la época de la Independencia Nacional. En otras latitudes, los perros rescatistas de México son ampliamente reconocidos y valorados como héroes de cuatro patas. Ellos ayudan a localizar personas enterradas dentro de los escombros producidos por un terremoto. Asimismo, las vidas de los pueblos originarios que habitan el Ártico dependen de las patas de sus perros. Desde luego, la mayoría de los canes no son tan famosos, porque su presencia se restringe al ámbito doméstico. Son guardianes que defienden a sus dueños de ladrones y otra clase de bandoleros; o sirven de compañía brindando su amor a toda prueba a los miembros de la familia. Contrario a un humano, un perro difícilmente traiciona a quien le alimenta y le da su afecto. Estas experiencias explican con bastante fundamento el alto valor de la vida de un perro. El hecho de que una sociedad reconozca y proteja la vida de estos animales, evidencia el nivel de desarrollo que ha alcanzado.