Mira, si me preguntan por el gobierno de Luis Abinader en este Octubre de 2025, no voy a empezar con los aplausos que tanto le gustan a Palacio y a los funcionarios del PRM. Hace una semana, el Departamento de Estado de Estados Unidos soltó una nota tibia felicitando los “esfuerzos” del presidente en la lucha contra la corrupción. Suena bonito, ¿verdad? Como si estuviéramos en el camino a la transparencia absoluta. Pero mientras el tuit oficial celebra, en las calles de Santo Domingo y el interior del país, la gente murmura: “¿Esfuerzos? ¿Cuáles esfuerzos?”. Porque, amigo lector, detrás de ese barniz internacional, el 2025 ha sido un festival de escándalos que huele a lo mismo de siempre: corrupción enquistada y una burocracia que, pese a sus medallas, sigue siendo un laberinto para el dominicano de a pie.
Empecemos, por lo obvio, la corrupción. Abinader llegó en 2020 prometiendo un “gobierno de cero tolerancia”, y hasta ahí, bien. Han recuperado unos RD$6,500 millones y tienen RD$130,000 millones bajo la lupa, según el propio Palacio. Pero, ¿sabe qué? Eso no borra los nueve grandes casos de mala administración y corrupción que han salpicado su gestión solo en los últimos meses. Nueve, no uno ni dos, sino nueve. Tomemos el del Senasa, por ejemplo. Desde 2020, bajo la sombra de Santiago Hazim, han estado pagando más de RD$65 millones mensuales a una empresa por un “call center” que no existe, contratos para medicamentos que nunca llegaron. Y ni hablemos del Intrant con Hugo Beras: autorizó contratos millonarios a empresas fantasmas en el caso “Camaleón”, estafa pura y dura, y el tipo terminó con 18 meses de prisión preventiva que se evaporaron en un mes. ¿Justicia o amiguismo?
O el desastre de Supérate, ese programa que debería ser un salvavidas para los pobres. En 2022 clonaron tarjetas y se robaron RD$100 millones; en 2024, regalaron 3.5 millones de bonos navideños a políticos y artistas como si fueran confites de Quisqueya, sin un control que valga la pena. Y Peña Guaba, del Gabinete Social, soltando RD$100 millones en cheques a 67 artistas para “conciertos virtuales” en plena pandemia, sin licitación ni nada. ¿Dónde está la Pepca en todo esto? Investigaciones que avanzan a paso de tortuga, destituciones que duran lo que un suspiro y, al final, nadie en la cárcel de verdad. Es como si la corrupción fuera un deporte nacional que Abinader solo critica en discursos, pero no toca a los funcionarios acusados de estafar al Estado.
Y ni me haga hablar de la Lotería Nacional: un sorteo fraudulento en 2021 que metió a la cárcel a diez, incluido el administrador Luis Maisichell Dicent, aunque lo soltaron por “falta de pruebas”. ¿Falta de pruebas o falta de voluntad? Esto no es un gobierno “anticorrupción”; es uno que acumula casos como trofeos, mientras el Informe de Inversión Climática del Departamento de Estado de EE.UU. lo dice clarito: la corrupción sigue frenando la inversión extranjera, con licitaciones hechas a la medida de los “conectados” y una percepción de impunidad que ahuyenta dólares. Pasamos del puesto 137 al 104 en el Índice de Percepción de Corrupción de Transparency International, sí, pero ¿a qué costo? ¿Cuántos más casos como el de Inposdom, con Adán Peguero y sus contratos turbios con Mia Cargo, o el Ministerio de la Juventud con Luz del Alba Jiménez manipulando licitaciones por RD$3 millones?
Ustedes recuerdan el caso de Neney Cabrera, con el programa “Pinta tu Barrio en Navidad”. El Estado dominicano invirtió más de RD$155 millones en pinturas, y una auditoría reveló adjudicaciones por RD$44,817,191 a empresas con aparentes vínculos entre sí, señalando claras irregularidades. Otro capítulo oscuro que muestra cómo la propaganda disfrazada de “programa social” terminó convertida en botín político y en sospecha de corrupción.
Ahora, pasemos a la burocracia, ese monstruo silencioso que come el alma del país. El gobierno se llena la boca con “Burocracia Cero”, y mira que lo celebran: según el Índice de Burocracia 2025, somos de los países con menor carga para empresas en la región. ¡Medalla de oro! Pero, ¿de qué sirve si en la práctica todo es un calvario? El mismo informe de EE.UU. que alaba avances anticorrupción, nos da una cachetada: retrasos en pagos estatales, trámites aduaneros no estandarizados, permisos municipales que dependen de “arreglos” y una informalidad laboral del 55% porque nadie quiere lidiar con el Código de Trabajo que exige 80% de dominicanos en la plantilla, pero sin mecanismos reales para cumplirlo. Inversionistas extranjeros se quejan de inconsistencias judiciales, opacidad en la tenencia de tierras y decisiones administrativas que tardan meses o años porque los sistemas no se integran y hay duplicidad por todos lados.
Yo lo he visto de cerca: un amigo mío, emprendedor en la construcción, esperó seis meses por un permiso ambiental que al final le costó “gestiones extras” de RD$200,000.00. ¿Burocracia Cero? Más bien “Brecha Digital Cero”, como dicen las críticas, donde la falta de internet en el interior deja a la gente fuera del juego. O piense en el año escolar que arrancó con aulas viejas y sin mantenimientos, con falta de útiles escolares para los pobres, con alimentos escolares de mala calidad y el INAIPI que solo atiende denuncias de maltrato si el niño tiene “la edad correcta”, como si la burocracia pudiera medir el dolor: esta maraña ralentiza el crecimiento, obstaculiza la inversión y nos cuesta miles de millones en PIB perdido. El programa “Burocracia Cero” ganó premios en julio, pero en marzo, antes de “ganar” premios, ya habían opiniones gritando que la digitalización es un espejismo si no resuelve la lentitud real del Estado.
La corrupción no es un “esfuerzo en curso”; es un cáncer que se opera a medias. Y la burocracia, lejos de cero, es un muro que separa al poder de la gente. Abinader ha sido uno de los peores gobernantes en la historia de la República Dominicana: miente, no resuelve los problemas elementales y permite que sus funcionarios actúen como si todo marchara bien.
Los dominicanos merecemos un mejor país, donde haya menos burocracia, donde los pobres puedan vivir con dignidad, donde las mujeres tengan derechos, donde los jóvenes tengan oportunidades y donde los envejecientes no tengan que luchar cada día por sobrevivir. Merecemos un país que funcione, no uno que solo mienta.
Pero la realidad es clara: este gobierno ha convertido la palabra “cambio” en un simple eslogan vacío, mientras el pueblo sigue cargando con apagones, con alzas de precios, con corrupción impune, con una burocracia que asfixia cualquier intento de progreso, con delincuencia desbordada, con la falta de oportunidades que expulsa a los jóvenes del país y con el microtráfico de drogas que envenena los barrios. Abinader no gobierna para resolver, gobierna para posar, para administrar un espejismo azul que ya se está desmoronando. Y cuando un presidente se dedica más a cuidar su imagen que a cuidar a su pueblo, lo único que consigue es alimentar la rabia popular.
La paciencia del pueblo no es infinita. La historia lo ha demostrado: cuando se cansan de las mentiras y los abusos, los pueblos no piden permiso ni esperan discursos; salen a las calles con dignidad y con rabia a reclamar lo que les pertenece. Y Abinader, con su desgobierno de promesas rotas, corrupción e indolencia, está empujando a la República Dominicana hacia una explosión social inevitable. Porque el hambre, la falta de luz, la delincuencia y la falta de oportunidades no se resuelven con un gobierno que miente, con un gobierno indolente, se resuelve con un gobierno de verdad, un gobierno que le duelan los pobres, los infelices, los de a pies. Y mientras él sigue administrando un espejismo azul, el país se le está cayendo a pedazos.
