Hace muchos años escuché decir que un empresario residente en Barahona le había regalado a la ciudad un campanario que replicaba las campanas marcando o anunciando la hora dos veces. Algunos, curiosos por el detalle, le preguntaron por qué era así. Él respondió: “Porque al dominicano hay que decirle las cosas dos veces”. En mi caso, voy a repicar las campanas tres veces.
Hace unos meses escribí un artículo que titulé: “Amagando a primera para tirar a tercera”. En ese artículo señalé lo siguiente:
“Sometió una modificación que pasó sin pena ni gloria, sin que nadie dijera nada. Es más, fue tan ‘blindada’ que usaron el tema haitiano para distraer al país en esa dirección y evitar que se notara que la ‘modificación’ era solo una reforma menor. Sin embargo, el señor presidente siempre habló y habla de una ‘nueva Constitución’. La realidad es que modificar la Constitución en solo tres o cuatro artículos no produce una ‘nueva Constitución’, sino una Constitución modificada”.
¿Por qué se hace eso y de esa forma? Llevo algunos meses preguntándome las posibles razones, sumando elementos para ver si logro aclarar el pensamiento y vislumbrar posibles caminos.
El presidente tiene una agenda poco común en alguien que afirma no tener planes de volver a postularse. No entiendo cómo, en estos momentos, está tan activo: entregas de títulos, inauguraciones casi todas las semanas, apoyo a iniciativas de terceros, pero capitalizándolas él en términos políticos. Las acciones no parecen orientadas a una verdadera institucionalización del país. Al menos, eso no es lo que vemos quienes observamos la política. Lo que yo percibo, por lo menos, es a un presidente que está sembrando… pero no parece que lo haga para que otros cosechen. Por el contrario, da la impresión de estar en una carrera política, como si tuviera la intención —o tal vez ya olvidó— de que no podrá seguir en el “carguito”.
“Vamos a tener una Constitución que le va a dar tranquilidad a este país, porque ahora sí tenemos un verdadero candado para evitar eso, aun con la mayoría que tenemos”. Entonces, ¿podríamos decir que Danilo Medina fue quien no quiso reelegirse? Sabemos que no. Danilo Medina no se lanzó a una reelección porque la Constitución se lo impedía; no se lanzó porque alguien, se dice que vía telefónica, le “sugirió” no hacerlo.
He declarado y aclarado, en varios programas de entrevistas por televisión, radio y YouTube en los que a veces me entrevistan, unas declaraciones del honorable señor Presidente de la República, licenciado Luis Rodolfo Abinader Corona, cuando él habla de “la nueva Constitución”. Sobre ese particular, digo: Señor Presidente, me confunden sus expresiones, porque, al nivel intelectual suyo, se sabe que no tenemos una nueva Constitución, sino una Constitución modificada. Pero debo hacerme otra pregunta: ¿realmente usted está confundido? ¿O, en realidad, quiere confundir a otros?
¿Acaso sus declaraciones de que esta sería su última y no más candidatura, en momentos en que se sabía que políticamente era improductivo decirlo, forman parte del plan general para ganar descuido? El idioma, en sus componentes, las palabras, adquiere mucha importancia, porque hay una gran diferencia entre “nueva Constitución” y “Constitución modificada”. Quizás esta es la primera parte de unas presentaciones de juristas de “renombre” que mañana dirán algo así como: “Al presidente Abinader no se le puede aplicar la nueva Constitución, por aquello de que la ley no puede ni es retroactiva, ya que esa nueva Constitución fue promulgada durante su mandato”. Y entonces escuchemos: “A pesar de mis deseos y de los de mi familia, no puedo abandonar mi Patria; debo sacrificarme por cuatro años más”.
Estas observaciones adquieren importancia a raíz de las declaraciones del señor Víctor D’Aza cuando anuncia su declinación a la aspiración de la candidatura presidencial por el PRM para apoyar al presidente Abinader. La primera pregunta: ¿Dónde está la contradicción entre ser precandidato presidencial del PRM y apoyar al presidente Abinader? ¿O será que debemos esperar a varios precandidatos más de ese partido renunciando a sus aspiraciones para apoyar a uno que, aunque parece un precandidato, dice que no aspira?
¿Y hasta dónde el haber sugerido a los precandidatos que dejaran de hacer política es también una arista del propósito oculto? ¿Quién sigue?
