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sábado, 10 de enero de 2026

Estados Unidos, China y el panorama global.

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Por Santo Silá. Alcántara

El panorama global ha dado un giro drástico en el que China parece haber superado la etapa de dependencia estratégica frente a Washington. 

Lo que antes era una relación de mutuo beneficio y cautela, hoy se ha transformado en una autonomía desafiante. 

Pekín ha entendido que, para consolidarse como la potencia hegemónica del siglo XXI, debe sacudirse de la sombra del dólar y las posibles represalias económicas de Occidente. 

Esta pérdida de miedo no es solo retórica; se manifiesta en una política exterior mucho más asertiva que ya no busca la aprobación estadounidense, sino que prioriza su propia seguridad nacional y la expansión de su influencia en el Sur Global.

​Una de las pruebas más contundentes de este divorcio financiero es la agresiva reducción de sus reservas en bonos del Tesoro de los Estados Unidos. 

Al transferir estos activos a terceros y diversificar su capital hacia el oro o monedas alternativas, China está enviando un mensaje claro: ya no confía en la deuda estadounidense como un refugio seguro. 

Esta liquidación estratégica no es un simple movimiento contable, sino un blindaje preventivo ante futuras sanciones. 

Al desvincularse del sistema financiero liderado por EE.UU., Pekín reduce la capacidad de presión de Washington, demostrando que está lista para navegar en un mundo multipolar donde el control norteamericano ya no es la única regla del juego.