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jueves, 8 de enero de 2026

La independencia emocional y la infidelidad sexual en República Dominicana.

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Por Carlos Julio Féliz Vidal

La independencia emocional es una herramienta de la que pocas veces se habla; la independencia siempre implica un amplio margen de libertad y de toma de decisiones, sin que  éstas estén condicionadas o sujetas a la influencia de otros.

La independencia marca distancia, genera fuero y es capaz de reconocer la soberanía propia.

Tener independencia emocional requiere conocimiento, adiestramiento y voluntad.

El conocimiento debe concentrarse en  uno mismo, en   otros y sobre la base cultural del entorno social.

El Adiestramiento exige fortalecer el carácter, domesticar el temperamento y trabajar hábitos positivos que faciliten la madurez y la inteligencia emocional.

La voluntad debe educarse  para el dominio propio, la auto estima y la toma racional (no impulsiva) de decisiones.

La independencia emocional evita que sean otros los que determinen cómo nos sentimos y como respondamos ante los eventos de la sociedad y de la naturaleza. 

La independencia emocional evita la interferencia en el interior; protege de la obnubilación de la razón y resguarda del caos afectivo.

El hombre dominicano se ha forjado para ser económicamente independiente y emocionalmente dependiente.

El mismo hombre que "jocea" riquezas, forma empresas y asume riesgos, es como un bebé en situaciones que requieren independencia emocional.

Una infidelidad de la pareja (un hecho previsible y humano) lo puede descalabrar, porque su estima depende de lo que otro haga o de lo que los demás digan.

El cuerno y el "cuchilleo" desmoronan a hombres que en apariencia son rocas firmes, pero en esencia sólo son arena suelta en el ámbito emocional.

La mujer dominicana es emocionalmente más fuerte que el hombre ante la infidelidad; a ella se le ha educado para no ver como una desgracia las "aventuras" sexuales de su pareja; ella es capaz de proseguir o de terminar con una relación infiel sin hacer un caos emocional.

Matar a la pareja, a los hijos y asimisma no está en el adn cultural de la mujer dominicana.

En una parte de los hombres dominicanos la dependencia emocional, el sentimiento de vergüenza y el apego irracional a una mujer les lleva a matarla, aveces sacrifican a los hijos y se suicidan.

Es un deber de la familia, del sistema educativo y el Estado, formar personas emocionalmente independientes, que valoren sus propias vidas y tomen sus decisiones sin dejarse influir por un "caldo cultural" contaminado por los prejuicios, los chismes y las "valoraciones irracionales".

Un hombre no es menos hombre porque una mujer le sea infiel, como no es una mujer menos mujer por la infidelidad de su pareja.
 
La infidelidad no es una cuestión de géneros, es un asunto de preferencias, de sistemas de valores y de toma de decisiones.

La cultura de la infidelidad es consustancial con un sistema de creencias y valores; una persona (varón o hembra) es fiel a sus valores, no a la persona que tiene como pareja.

La infidelidad es un hecho cotidiano en la sociedad dominicana; asumir que es teórica y  estadísticamente posible que la pareja sea infiel, es un paso que debe darse para irse preparando emocionalmente para un evento que no tiene porque ser catastrófico. 

Asumir la infidelidad como una desgracia no debería ser una opción; pensar que la vida pierde sentido, deprimirse, suicidarse o matar a otro es dejar que el caos emocional sustituya la razón.

La independencia emocional separa el hecho del otro de la propia estima,  la infidelidad ajena no quita valía, no cierra puertas, no arrebata la vida. Esas consecuencias no dependen del infiel, depende del que se cree ofendido.

La ofensa emocional depende de como cada uno se ve asimismo. El independiente emocional asume el hecho como parte del trajinar de la existencia, no como una desgracia. Sigue adelante, acude a su fuerza interior y no destruye su propia vida  ni la ajena por un gusto o un desliz que se dio su pareja.

Lo bonito de la vida es que mantiene puertas abiertas, que las personas van y vienen como fuentes de donde se nutre el conocimiento y la experiencia.

En mi profesión he visto muchos hombres prudentes, asumir con dignidad una infidelidad; también he visto a otros que se han "quebrado", hasta que comprenden que todo puede pasar debajo del Sol.

La felicidad depende de cada uno, el hecho no es lo que importa, sino nuestra actitud.

Ayudemos a crear hombres y mujeres emocionalmente independientes para tener un mejor país.