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viernes, 2 de enero de 2026

¡La Región Enriquillo en Altos de Chavón!

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Philadelphia, Estados Unidos:  No es solo pintura. Es identidad simple y pura; Emiliano Pérez Espinosa lo confirmó al pisar la galería de Altos de Chavón en Casa de Campo, La Romana con motivo de las fiestas navideñas del 2025. No fue una visita más, fue una reafirmación y coherencia de principios; “Lo Nuestro Primero

Detenerse frente a una obra física, creada por alguien que comparte tu mismo lugar de nacimiento, cambia la perspectiva. La presencia de Emiliano Pérez Espinosa en la exhibición subraya un movimiento que va más allá del lienzo: es el apoyo real, físico y presencial al talento de los que nacimos en el Sur Profundo.

Dicen, que cuando el talento local decide hablar, lo hace en voz alta de color y nadie puede ignorarlo. Fernando Tamburini habló con su pincel, en Altos de Chavón. El arte local tomó el control en Casa de Campo de La Romana, República Dominicana.

La exposición de Fernando Tamburini en Altos de Chavón ha respondido y capturado la atención de quienes buscan algo más que cuadros colgados en una pared. Se trata de orgullo. Se trata de ese lema que se repite fuerte: "Lo Nuestro Primero". Y para Emiliano Pérez Espinosa, visitar esta exposición de su compueblano no fue un simple acto protocolar, fue un reencuentro con las raíces visuales de su tierra “Barahona/Sur Profundo/Región Enriquillo”.

Para, Pérez Espinosa, ver esto en un lugar tan icónico como Chavón, válida una realidad que muchos locales ya sabían. El arte de La Romana tiene peso mundial. Casa de Campo como epicentro cultural universal, Galería de Altos de Chavón, siempre ha tenido esa mística. Piedra sobre piedra, mirando al imponente río Chavón.

No necesitas ser un crítico de arte o experto en la materia, para sentirlo. La conexión es inmediata. Ves una pieza y sabes de dónde viene. Sabes qué sol la iluminó. No estoy seguro de si es surrealismo caribeño o la pintura costumbrista la que no pide permiso, que entra y te golpea, o que el estilo de Tamburini no es tímido.

No es lo mismo ver una foto en Instagram que detenerte frente a la textura del óleo. La narrativa visual de Tamburini cuenta historias de la vida dominicana, pero elevadas a un plano mágico. Y ver a figuras locales respaldando esto envía un mensaje claro a las nuevas generaciones de creativos.

Esto es un vivo ejemplo de que se puede llegar. Se puede exponer en lo más alto sin perder la esencia del barrio, del pueblo, de Región, y de la gente; ahora más que nunca que vivimos rodeados de contenido digital efímero.

Conocido por sus escenas que mezclan lo onírico con lo cotidiano del Caribe, el artista ha logrado algo difícil: que su obra sea inconfundible a leguas; las casas de colores, los símbolos flotantes, la saturación que casi puedes saborear. Es escultura con pintura de tres dimensiones. Todo está ahí, vibrando en las paredes de piedra de Altos de Chavón.

Pero cuando llenas esas salas con el imaginario de Tamburini, el espacio se transforma. Deja de ser una réplica de una villa mediterránea para convertirse en un templo del color caribeño. La mezcla es potente e infinita.