La “última versión” de la encuesta ACD Media que está circulando ahora mismo en República Dominicana corresponde a su levantamiento del 7 al 9 de febrero de 2026, con 1,200 entrevistados. A ese tamaño muestral, el margen de error típico (si el muestreo fue probabilístico y bien ejecutado) ronda ±2.8 puntos en el peor caso. Eso importa porque muchas lecturas que se están haciendo en redes tratan diferencias como si fueran una verdad absoluta.
Dicho eso, el estudio trae un mensaje político fuerte y, a la vez, incómodo para todos: hay liderazgos que crecen, pero el sistema partidario como marca está débil. Esa combinación suele producir elecciones volátiles y campañas más “de personas” que “de partidos”.
El dato que más debería preocupar a cualquiera que se tome en serio la democracia dominicana no es quién va arriba en un escenario, sino la desafección: más de 55% dice no simpatizar con ningún partido. Eso no es una anécdota: es una señal de mercado político roto. Y aquí viene la prueba de fuego del razonamiento: si la gente no se siente representada por partidos, entonces la intención de voto puede cambiar con rapidez ante eventos, narrativas, crisis, alianzas, y “momentos” mediáticos. En ese contexto, una foto de febrero de 2026 sirve para orientar, no para sentenciar.
Cuando se mira preferencia partidaria, el PRM aparece con ventaja, pero con un bloque enorme fuera del carril. Según los datos publicado por ACD Media, 31.3% votaría PRM, 25% FP, 18.7% PLD, y además 12.65% no votaría por ninguno y 10.3% no sabe. Esa es una estructura donde el “partido ganador” todavía tiene demasiado techo por construir. Con ese nivel de “ninguno/no sabe”, la campaña real empieza tarde y se define por percepción de capacidad, temor, esperanza y castigo.
Hay una aparente contradicción que mucha gente está pasando por alto (y aquí es donde hay que ser brutalmente honestos con la lectura): una cosa es “por quién votaría” y otra es “quién prefiero que gobierne”. En esa misma nota, 35.7% dice que prefiere a la FP para gobernar, versus 31.5% PRM y 20.1% PLD. Si eso está bien medido, sugiere que el oficialismo mantiene estructura electoral, pero enfrenta un desgaste de preferencia de gobierno. Eso suele anticipar campañas donde la oposición compite con ventaja narrativa (“cambio”) aunque no necesariamente con ventaja organizativa.
El estudio refuerza una idea clave para 2028: la segunda vuelta no es un fantasma; es un escenario plausible. La encuesta refleja escenarios donde Collado vs Leonel se mueven en el rango de 44.5% vs 41% (con PLD alrededor de 10% con Francisco Javier), y otros donde cambian las combinaciones sin que nadie pase el 50%+1. La implicación estratégica es simple: si la elección se encamina a segunda vuelta, lo determinante no es solo “quién lidera”, sino quién tiene mejor capacidad de sumar anti-votos ajenos y construir coaliciones creíbles.
El dato más explosivo, por lo que implica dentro de la oposición, es el “relevo” en Fuerza del Pueblo medido por ACD Media: 52.8% prefiere a Omar Fernández como candidato presidencial (población general) frente a 30.8% por Leonel, y dentro de FP también aparece Omar arriba (51.6% vs 47.4%). Esto, si se mantiene, no es solo una preferencia: es una presión interna para redefinir la candidatura y la narrativa del partido. La lectura rigurosa aquí exige cautela: que “la población general” prefiera a Omar como candidato de FP no significa automáticamente que FP pueda o quiera mover su estructura hacia ese resultado. Pero sí significa que la marca Omar tiene potencia electoral y, sobre todo, potencial de atraer electores fuera del núcleo duro.
Del lado del PRM, la encuesta describe una primaria “no primaria” con un favorito claro: David Collado 45.4%, Carolina Mejía 14.3%, Raquel Peña 7.1%, y el resto muy abajo. Si ese patrón se sostiene, el oficialismo tiene un dilema: unidad temprana alrededor del favorito o competencia interna que desgaste. El costo de oportunidad de no manejarlo bien es grande, porque con una oposición que puede llegar unificada (o al menos con narrativa fuerte), el PRM no puede regalar meses de guerra interna.
El PLD aparece con un liderazgo interno que no termina de traducirse en fuerza nacional. Abel es el preferido del PLD y “a lo interno” también domina (citan 52.9% entre peledeístas). Más allá de cómo se haya presentado el dato en la nota, lo relevante políticamente es que el partido tiene una figura claramente identificada por su base.
Sin embargo, hay un factor estructural que no se puede ignorar: Francisco Javier cuenta con una mayoría significativa de dirigentes a nivel nacional, y tomando en cuenta que la selección del candidato será mediante votación interna, ese peso orgánico puede inclinar la balanza. En procesos partidarios, la simpatía medida en encuestas no siempre se traduce automáticamente en votos internos, especialmente cuando la maquinaria territorial y la estructura dirigencial tienen capacidad real de movilización. Eso le añade complejidad al escenario de Abel y convierte la competencia interna en un elemento estratégico determinante.
Hay un elemento de “clima” que ayuda a explicar por qué el tablero está tan abierto: 43.9% evalúa como buena la gestión de Abinader, 10% muy buena, y también niveles relevantes de mala/muy mala; y en “aprobación” ponen 55% aprueba vs 43% desaprueba. Esto encaja con un país donde el oficialismo conserva base, pero enfrenta desgaste real (y por tanto, su sucesión es más compleja). La trampa mental aquí es asumir que “aprobación” se traduce linealmente en voto en 2028: no necesariamente. En sucesiones, mucha aprobación al incumbente puede convivir con castigo al partido si la gente siente abuso, desconexión o deterioro cotidiano.
El estudio también abre una pista sobre agenda pública: se menciona que la corrupción sube en la percepción de principales problemas (hasta “tercer lugar” en esa narrativa). Si eso es correcto, cualquier proyecto que llegue a 2028 con discurso “técnico” pero sin respuesta creíble a corrupción, impunidad y deterioro institucional va a pagar costo electoral.
Lo relevante no es solo quién encabeza hoy, sino que en varios escenarios medidos la Fuerza del Pueblo aparece disputando e incluso liderando, lo que confirma que la competencia está estructuralmente abierta y que ningún actor puede subestimar el peso de esa organización en el tablero nacional.
En resumen, la lectura más honesta (sin fanatismo) de esta ACD Media es esta: hay favoritos por partido, pero el país está lejos de estar “cerrado”. Los números apuntan a una elección donde el centro no está comprado, donde la segunda vuelta es plausible, donde la oposición tiene un activo potente en Omar (si logra traducirlo políticamente), y donde el oficialismo tiene que administrar una sucesión sin romperse. Y por encima de todo, el dato estructural que manda es el que muchos quieren esconder: la gente está cansada de los partidos como están. Y en política, cuando una medición consistente marca tendencia con claridad, lo inteligente es entenderla y actuar en consecuencia.
El autor: Dirigente político y comunicador
