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domingo, 8 de febrero de 2026

Investigadores convierten en yacimiento arqueológico el posible lugar de la tumba de Enriquillo en Azua

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Por Raúl Germán
 N DIGITAL  

Azua.- El lugar donde posiblemente se encuentra la tumba del cacique taíno Enriquillo, también conocido como Guarocuya, está siendo convertido en un yacimiento arqueológico en Pueblo Viejo, provincia de Azua, como parte de un proyecto de investigación histórica y científica de gran relevancia para el país.

En exclusiva, N Investiga, de Nuria Piera, visitó nuevamente la zona, cuatro años después de su primera cobertura, para conversar con la arqueóloga dominicana Kathleen Martínez, quien encabeza las excavaciones junto a un equipo de especialistas nacionales y extranjeros.

Martínez explicó que los trabajos se encuentran en una fase inicial, centrada en la adecuación del terreno y la liberación de estructuras históricas.

“Nosotros recién comenzamos. Pero lo estamos convirtiendo en un yacimiento arqueológico. Y para eso estamos limpiando toda la zona, liberando las estructuras de los escombros, lo que queda de la iglesia. Y ya se puede ver que estamos en presencia de un yacimiento arqueológico”.

En ese contexto, señaló que los estudios realizados por la licenciada Lidia de Macarrulla presentan evidencias sólidas que apuntan a que la tumba de Enriquillo podría encontrarse en ese lugar.

“Me parece que es un trabajo muy estricto, donde ella tiene evidencias del posible enterramiento de Enriquillo. El trabajo nuestro es apoyarla en el aspecto arqueológico y tenemos unos objetivos, no solamente el hallazgo o el posible hallazgo de la tumba, sino también poner en valor el yacimiento y documentarlo”.

El proyecto, denominado “Tras los restos de Enriquillo”, es una iniciativa impulsada desde hace diez años por la Fundación Macarrulla y la Dirección General de Proyectos Estratégicos y Especiales de la Presidencia (PROPEEP), con el objetivo de localizar los restos del emblemático líder indígena.

Las excavaciones, iniciadas esta semana en las ruinas de Pueblo Viejo, se extenderán hasta el próximo 28 de febrero.

Kathleen Martínez detalló que el equipo está conformado por especialistas en diversas áreas de la arqueología y la conservación: “Tenemos un equipo que hemos traído conmigo de seis arqueólogos especialistas en diferentes áreas o tipología. Tenemos expertos conservadores y restauradores, excavadores”.

El propósito final, explicó, es convertir el lugar en un sitio de interés turístico y patrimonial, dada su importancia para la historia dominicana.

El arqueólogo Antonio Guío Gómez expresó su entusiasmo por participar en el proyecto: “Bueno, es la primera vez que vengo a República Dominicana y poder excavar un yacimiento de estas características, pues es una experiencia nueva y muy enriquecedora”.

Por su parte, Eva Moreno, arqueóloga y especialista en conservación y restauración, indicó que esta etapa inicial se enfoca en la limpieza de los muros para su posterior consolidación.

El director del Museo Maguá, Juan Peña, resaltó el componente educativo del proyecto: “Hemos hecho campamentos de arqueología en Maguá, con estudiantes de secundaria de la diáspora y estudiantes del Liceo Científico. Y hace poco tuvimos los estudiantes de Becks Collin”.

La arquitecta Melissa Berigüete destacó la necesidad de formar nuevas generaciones de arqueólogos en el país: “Comencé estudiando primero Arquitectura. Luego hice Restauración y Conservación del Patrimonio Monumental. Y bueno, me he apropiado de la arqueología, porque el país me importa. Creo que necesitamos una nueva generación de arqueólogos, también que vengan de relevo. Y mi intención aquí es entrenarme en las mejores técnicas que tenga la disponibilidad a nivel mundial para traerla acá a la República Dominicana”.

Sobre el significado del hallazgo, añadió: “Para mí sería más que encontrar a Enriquillo lo que representa para la comunidad; es devolverle al pueblo a la persona que ellos más admiran”.

El historiador Rannel Báez afirmó que, como azuano, se siente orgulloso del proyecto, al considerar que se trata de la única huella tangible de lo ocurrido con Enriquillo en 1751.

El especialista Víctor Barrera participa en la excavación y supervisa los traslados al laboratorio, donde se realizarán los eventuales análisis del perfil biológico, incluyendo sexo, edad, estatura, musculatura y pruebas de ADN.

Martínez explicó que la posición del enterramiento será clave para determinar aspectos culturales y religiosos. “Inicialmente, la forma en que se encuentre enterrado, la posición y hacia dónde, hacia el este, hacia el oeste, hacia el norte, a donde se encuentre la cabeza, nos va a indicar las creencias religiosas, y a partir de ahí vamos a hacer pruebas de ADN que serán enviadas al extranjero”.

La arqueóloga reveló que para liderar esta búsqueda detuvo temporalmente los trabajos que realiza en Egipto en la búsqueda de la tumba de Cleopatra.

Existen documentos históricos que confirman que Enriquillo solicitó ser enterrado en la iglesia ubicada en ese lugar.

La historiadora Lidia de Macarrulla explicó: “Él pidió (Enriquillo), en su lecho de muerte, estar enterrado aquí y yo creo que se respetó eso, porque eso estaba en el ánimo de los jueces de la Real Audiencia”.

Martínez citó además una publicación del Museo del Hombre Dominicano: “En septiembre de 1535 murió el cacique, y el escribano de la Audiencia, Diego Caballero, le daba la noticia al emperador Carlos Quinto. Era tan importante la muerte de Enriquillo que se le notificó al emperador. ¿Cuántas personas tienen la importancia como para que su muerte le sea notificada al emperador Carlos Quinto? El cacique, don Enrique, falleció. Murió como buen cristiano, habiendo recibido los sacramentos y se hizo traer, enterrar a un pueblo de esta isla que se dice la villa de Azua”.

Si apareciera una osamenta indígena en un punto central del templo, las probabilidades de que corresponda a Enriquillo serían altas, debido a su rango, reconocimiento oficial y relevancia histórica.

Durante excavaciones anteriores se tomaron cinco muestras óseas enviadas al Instituto Max Planck, en Alemania. Tres correspondían a individuos europeos y las otras dos estaban tan deterioradas que no permitieron una identificación genética confiable.