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viernes, 6 de febrero de 2026

No a la destrucción del Parque Nacional Jaragua

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Por Santo Silá Alcántara 

El Parque Nacional Jaragua no es solo un punto en el mapa de la República Dominicana; es el corazón palpitante de la Reserva de la Biosfera del Caribe. 

Exigir respeto para este territorio es una obligación moral, pues alberga ecosistemas únicos que van desde lagunas hipersalinas hasta bosques secos que son el último refugio de especies en peligro crítico.

Ignorar su valor es sentenciar a muerte un patrimonio que pertenece a las futuras generaciones y que sostiene el equilibrio ecológico de toda la región sur.

​Resulta alarmante y profundamente decepcionante la postura del Tribunal Superior Administrativo, cuya falta de sensibilidad ambiental sugiere una desconexión total con la realidad científica del área. 

Al emitir fallos que parecen ignorar la fragilidad del Parque Nacional Jaragua, el tribunal demuestra un desconocimiento técnico preocupante sobre la interdependencia de la flora y la fauna. 

No se trata solo de aplicar leyes frías en un despacho, sino de entender que la justicia también debe ser verde y protectora de la vida.

​La biodiversidad en el Parque Nacional  Jaragua es sencillamente asombrosa y no admite negligencias.

Este santuario es el hogar de la mayor población de iguanas cíclicas y de rinoceronte, además de ser el sitio preferido para la anidación de tortugas carey y el hábitat del enigmático solenodonte. 

Cada decisión judicial que vulnera su integridad pone en jaque una red biológica compleja donde cada planta y cada animal cumplen una función vital para la supervivencia de la isla.

​Es momento de alzar la voz para que las autoridades judiciales despierten y reconozcan que el desarrollo no puede existir a costa de la destrucción natural. 

No podemos permitir que la inconsciencia administrativa abra las puertas a intereses que ven el parque como un simple terreno explotable.

Proteger el Parque Nacional Jaragua es un acto de soberanía y humanidad; es hora de que el TSA actúe con la sabiduría y el respeto que la majestuosidad de nuestra naturaleza exige. Digamos no a la destrucción del Parque Nacional Jaragua.