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miércoles, 18 de febrero de 2026

Salud mental en República Dominicana , la influencia de redes sociales y otros países: una radiografía del descontrol

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Por Dra. Elizabeth Mora 
MSc. M.A.

La salud mental en la República Dominicana atraviesa un momento crítico que exige miradas profundas, responsables y valientes. 

No se trata solo de cifras: hablamos de historias humanas, silencios emocionales y una cultura que aún lucha entre el estigma y la conciencia. 

Lo preocupante es que, mientras crece la visibilidad del tema, también crece el desorden social, emocional y digital que lo alimenta.

Una realidad estadística que no puede ignorarse
Diversos informes coinciden en que la situación es alarmante.

 Datos presentados por el Colegio Dominicano de Psicólogos indican que el 37 % de la población dominicana presenta algún trastorno de salud mental. 

Al mismo tiempo, estudios nacionales muestran que casi el 60 % de los suicidios en el país están vinculados a depresión y otros problemas de salud mental, con más de 3,100 casos registrados entre 2019 y 2023.  (Fuente -Periódico elDinero)

Estos números no surgen de la nada. Reflejan presiones sociales, económicas, familiares y culturales que impactan directamente el equilibrio emocional de la población. Incluso se ha advertido que una de cada cuatro personas padece algún trastorno mental, lo que evidencia un escenario de urgencia nacional. 

Más consultas, más demanda… ¿y más crisis?

Las cifras recientes muestran que el sistema está recibiendo más personas que nunca. Solo entre enero y septiembre de 2025 se realizaron 247,687 consultas externas de salud mental en la red pública, un aumento significativo respecto al año anterior. (Fuente presidencia de la República Dominicana)

Esto podría interpretarse como un avance en acceso, pero también como un indicador de que el malestar psicológico colectivo está creciendo. 

El incremento de consultas no siempre significa mejora; muchas veces significa que la presión social está superando la capacidad de afrontamiento de la población.

La tormenta perfecta: redes sociales, globalización y comparación constante.

El contexto actual no puede entenderse sin analizar la influencia digital. 

Estudios científicos han demostrado que personas con depresión tienden a expresar en redes sociales mayores niveles de pensamiento distorsionado, lo que puede reforzar estados emocionales negativos y perpetuar ciclos de malestar. 

Además, investigaciones sobre interacción digital durante crisis globales muestran que las redes se convierten en espacios donde millones expresan ansiedad, estrés y desesperanza, funcionando como termómetro colectivo del estado emocional social. 

En sociedades como la dominicana (con alta exposición cultural internacional) 

la comparación social digital se vuelve un factor clave: estilos de vida idealizados, estándares irreales de éxito y belleza, y presión constante por “estar bien” generan disonancia psicológica y sentimientos de insuficiencia.

Juventud dominicana: la generación más expuesta

Los jóvenes constituyen uno de los grupos más vulnerables. Informes advierten que las personas entre 15 y 29 años son las más propensas al suicidio a nivel mundial, fenómeno que también se refleja en el país.

Esta vulnerabilidad se potencia con factores contemporáneos:

hiperconectividad digital
presión académica y laboral
incertidumbre económica
cambios acelerados en normas sociales
exposición temprana a contenido adulto o violento
El resultado es una generación informada, pero emocionalmente saturada.

El factor económico:

 cuando sanar se vuelve un lujo
Otro elemento crítico es el acceso. 

En el sector privado, consultas psicológicas y psiquiátricas pueden costar entre 3,000 y 5,000 pesos( estos costos varían si estas en el interior del país)  dominicanos, lo que limita la atención para amplios sectores. 

Cuando el cuidado emocional depende del ingreso económico, la salud mental deja de ser un derecho y se convierte en un privilegio.

Cultura, estigma y silencios heredados
Aunque ha aumentado la conversación pública sobre salud mental, todavía persisten creencias sociales que frenan la búsqueda de ayuda:

“Eso es debilidad.”
“Resuélvelo solo.”
“Eso se quita con fe.”
Estos discursos, transmitidos de generación en generación, perpetúan el retraso en diagnósticos y tratamientos.

¿Estamos frente a un descontrol o a un despertar colectivo?
La situación puede interpretarse de dos formas:
crisis o transición.

El aumento de consultas, la visibilización mediática y el debate social podrían indicar que el país no solo enfrenta un problema, sino que también está despertando a una conciencia colectiva sobre la importancia del bienestar psicológico.
El verdadero desafío no es solo atender trastornos, sino construir una cultura emocionalmente saludable.

La radiografía social que debemos mirar sin miedo
La salud mental en República Dominicana no está aislada: es el reflejo de un sistema social presionado por cambios culturales, digitales y económicos. 

Las redes sociales no son el enemigo, pero sí un amplificador de emociones humanas que, sin educación emocional, pueden intensificar el sufrimiento.

Hablar de salud mental hoy no es una moda:

es una necesidad urgente.
Porque un país que ignora su salud emocional termina pagando el precio en silencio, violencia, desesperanza y dolor invisible.