Para mitigar el impacto de la escalada bélica entre Estados Unidos, Israel e Irán, la República Dominicana debe priorizar la soberanía alimentaria y técnica dentro de su currículo educativo.
Ante la inestabilidad de las cadenas de suministro y el aumento de los hidrocarburos, el sistema escolar dominicano debe transformarse en una red de centros de capacitación en energías renovables, agricultura urbana de precisión y gestión de recursos hídricos.
No se trata solo de enseñar teoría, sino de convertir cada escuela en un nodo de resiliencia comunitaria donde los estudiantes aprendan a diseñar soluciones locales frente a crisis globales, asegurando que el país no dependa exclusivamente de importaciones tecnológicas o energéticas en tiempos de aislamiento internacional.
Paralelamente, es imperativo fortalecer la inteligencia emocional y la ciberseguridad como escudos ante la guerra informativa y el estrés colectivo que generan estos conflictos.
El Ministerio de Educación debe implementar programas de pensamiento crítico avanzado para que los jóvenes identifiquen la propaganda y los ciberataques que suelen acompañar a las guerras modernas, protegiendo la infraestructura digital nacional.
Al mismo tiempo, se debe fomentar una cultura de paz y mediación que blinde la cohesión social interna, evitando que las tensiones geopolíticas
fragmenten la identidad dominicana.
Proponemos propiciar una educación humanizada en este contexto, que prepara los estudiantes para mantener la calma, la ética y la operatividad técnica en las escuelas mientras el orden global se reconfigura.
El autor: es presidente del comité municipal del PLD en Barahona.
