TEHERÁN: Mientras miles de ciudadanos, tanto en Irán como en distintas partes del mundo, celebran la muerte del líder supremo Ali Jameneí, otros miles se volcaron a las calles este domingo para expresar su dolor por su fallecimiento, ocurrido el sábado en medio de la reciente ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra territorio iraní. La polarización refleja la enorme influencia que Jameneí ejerció durante más de 36 años en la política y la vida religiosa del país.
La movilización en las principales ciudades iraníes estuvo marcada por un profundo sentimiento de tristeza: manifestantes portaban retratos del ayatolá, rezaban y entonaban cánticos religiosos mientras se escuchaban llantos colectivos. Al mismo tiempo, se mantuvo un fuerte despliegue de seguridad para evitar incidentes, en un contexto de máxima tensión internacional y amenazas de represalias por parte de la Guardia Revolucionaria contra bases estadounidenses y aliados en la región.
Tras la muerte de Jamenei, se constituyó un consejo interino conformado por miembros del gobierno y del clero para dirigir el país temporalmente y garantizar la continuidad administrativa y religiosa hasta que se defina un nuevo liderazgo.
Mientras tanto, analistas y gobiernos del mundo observan de cerca la situación, conscientes de que la crisis podría tener repercusiones significativas en la estabilidad regional y en las relaciones internacionales de Irán.
