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domingo, 15 de marzo de 2026

El PRM es la marca y hay que cuidarla

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Por Xavier Carrasco

El ambiente político dentro del partido de gobierno en la provincia de Barahona ha estado particularmente movido durante esta semana. De manera repentina, el senador Moisés Ayala Pérez y el director del Instituto para el Desarrollo del Suroeste (INDESUR), Tavito Suberví, anunciaron sus aspiraciones a dirigir el Partido Revolucionario Moderno (PRM) en el municipio cabecera de Barahona.

A partir de ese momento, el debate político se ha intensificado. Seguidores de ambos equipos han encendido las redes sociales con discusiones, opiniones y hasta encuestas digitales en torno a cuál de los dirigentes debe asumir la dirección municipal del partido. Este tipo de dinámicas, aunque propias de la competencia política, también deben invitar a la reflexión sobre la responsabilidad colectiva de preservar la unidad.

Algo que cada equipo político debe observar con claridad es que el PRM debe estar por encima de cualquier interés particular. Recientemente, el presidente provincial del partido, el doctor Edgar Augusto Féliz Arbona, acompañado de importantes dirigentes de la organización y con la presencia de ambos aspirantes manifestó que el PRM en esta provincia está más unido que nunca. Aunque esas palabras pueden expresar una realidad o quizá un deseo legítimo de que así sea en la práctica, lo cierto es que algunos dirigentes y simpatizantes de ambos grupos parecen interpretar la situación de una manera distinta a la planteada por el doctor Féliz Arbona.

Las aspiraciones para dirigir el comité municipal del PRM se habían mantenido en un ambiente relativamente sereno cuando los aspirantes eran el actual presidente municipal, el ingeniero Elson Andrés Peña Medina, el licenciado Paciori Arias y quien escribe, Xavier Carrasco. Sin embargo, con la entrada en escena de Moisés Ayala y Tavito Suberví, el panorama político se ha dinamizado de manera natural, producto del peso político y la influencia que ambos representan.

Pero más allá de esta realidad, todos los equipos políticos deben comprender una verdad fundamental: el PRM es la marca y hay que cuidarla. Siempre he sostenido la idea de que no hay candidaturas fuertes sin partidos fuertes. Las aspiraciones personales son legítimas dentro de la democracia interna, pero la prioridad debe ser preservar y fortalecer la organización que sirve de plataforma a todos.

Esta situación inevitablemente recuerda la conocida historia del rey Salomón y las dos mujeres que disputaban la maternidad de un niño. Ante la decisión de dividirlo en dos, la verdadera madre prefirió renunciar a su derecho antes que ver al niño destruido. Aquella reacción permitió al sabio rey identificar a la madre verdadera. Del mismo modo, el amor genuino por una causa política se demuestra muchas veces en la capacidad de desprenderse y anteponer el bien colectivo sobre las aspiraciones individuales.

Estoy convencido de la madurez política de todos los que aspiran a dirigir esta importante estructura partidaria, así como de su capacidad de actuar con responsabilidad cuando las circunstancias lo requieran. Al final, todos debemos entender que las posiciones pasan, pero las instituciones permanecen. Y si algo debemos proteger por encima de todo es nuestra organización política.

Porque, al final de cuentas, como enseñaban los pensadores de la antigua Atenas: “Quien antepone el bien de la ciudad al suyo propio, termina sirviéndose también a sí mismo.”